viernes, 22 de mayo de 2015

MEMORIAS SÓNICAS: HISTORIAS EN SIETE PULGADAS (2013)

"El entusiasmo y la pasión son un tipo de naturaleza que tiende a crear cosas hermosas, o a explicarlas de una manera muy intensa y muy sincera. Me interesa muchísimo más un tío hablándome de hípica, emocionado, que un patán hablándome de los Who, sin ninguna emoción y recitando clichés."

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Con las excepciones de honor, cada vez me tomo menos en serio cierta crítica musical. Y no porque no me guste leerla (¿a quién no le gusta echarse unas risas?), sino porque no me identifico con ella mucho que digamos. Su falta de personalidad hace que textos y firmantes sean intercambiables entre sí. Basta echar un vistazo a la sección musical de nuestro diario decano o al portal de actualidad de tu preferencia para identificar algunas de sus taras: ¿por qué debería bastarme la retahíla de influencias que mencionan (quizá copiada de alguna crítica extranjera, quizá porque hicieron bien la tarea) para hacerles caso y escuchar el disco que recomiendan, si esas mismas influencias se encuentran en cientos de otras bandas contemporáneas a la que reseñan? ¿Dónde está lo nuevo, si lo hay, o por lo menos lo que hace la diferencia? ¿Y ese afán de no quedar mal con nadie? ¿Y qué tiene que ver conmigo (y con muchísima otra gente, faltaba más) que un disco sea "seminal" o "importante"? ¿Discos básicos en la colección? ¿Por qué nuestras colecciones deben basarse en riffs calcados, letras impersonales o sinfonías rock con cero emoción y mucha pasividad?

Tampoco quiero alinearme en el bando contrario, el de la prosa de bloguerismo auto-indulgente y pueril, ese que solo se mira al ombligo y celebra cosas que no importan absolutamente a nadie, limitándose a enumerar sin contexto que valga la pena (los consabidos "oh, qué triste estoy", "soy tan único y especial", etc.). Solo digo que si hablamos de objetos emocionales, ¿no podemos mostrar también un poco de emoción siquiera? Sé muy bien que hay otras tantas personas que prefieren las enciclopedias, las "historias del rock", las líneas de tiempo con principio y fin que nunca se superponen, las marcas de instrumentos y el escándalo. El problema es que ambos enfoques no coexisten y parece haber solo una manera aceptable de escribir sobre música (similar a como hablaríamos de medicinas, por ejemplo), que no permite alterar el canon y su pedestal de dudosas vacas sagradas. Y quien rompe con ello es tildado de poco riguroso, polémico, fanático o fanzinero.

Felizmente de un tiempo a esta parte la balanza parece haberse movido un poco a favor de los que buscamos experiencias más cercanas a nuestra condición de fan, en lugar de la mera acumulación de información y datos (importantes, siquiera para repetirlos en bares y comentarios de facebook) Como antecedente ahí están las vívidas crónicas de Lester Bangs y el imprescindible Awopbopaloobop Alopbamboom, vigente a pesar de haber sido escrito en 1969 por un Nik Cohn de apenas veintidós años. En los últimos tiempos se han sumado, entre otros y con resultados variables, el breve pero intenso Cosas Que Empiezan Por O de Kevin Pearce (uno de nuestros libros favoritos), Giles Smith y su entrañable Lost In Music, y el divertido e iconoclasta Mil Violines de Kiko Amat (a quien pertenece la cita al inicio de este comentario) A tan digna lista sumamos ahora Memorias Sónicas: Historias En Siete Pulgadas, publicado por Contra, casa editorial que ha sabido balancear ambas maneras de enfocar nuestras canciones y bandas más queridas con cada una de sus publicaciones (la traducción al español de Lost In Music también fue editada por ellos)

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Nacido por iniciativa de Ramón Rodríguez, voz y compositor principal de una banda tan necesaria como The New Raemon (hace unos meses lanzaron uno de los mejores LPs en lo que va del año), estamos ante un libro coral en el que participan veintitrés músicos españoles contemporáneos, contándonos acerca de sus discos más especiales. El resultado es más que estimulante. Y variado, dada la heterogeneidad de los álbumes seleccionados. Quién imaginaría, por ejemplo, que la cantante folk María Rodés ansiaba ser una Spice Girl junto a sus amigas de primaria. O que nuestro bienamado Refree, aquel orfebre de pop costumbrista y exquisito, defiende el Appetite For Destruction de Guns N' Roses con la misma capa y espada que tenía a los once años, cuando lo escuchó por primera vez. Los estilos elegidos al momento de echar a volar las palabras también son diversos, y por lo mismo no siempre muy logrados. Especialmente cuando se recurre a cierto aire onírico o de pretensiones poéticas, como lo hace la insoportable Maika Makovski con el Everybody's In Show-Biz de los Kinks y Javi Vega (de Maga) en el Pink Moon de Drake. Tampoco logran despegar aquellos que se conforman con describir y defender canción por canción; una pena innecesaria en el caso de El Último De La Fila, pues no hace falta que nadie nos convenza de lo grande que es Enemigos De Lo Ajeno. También se opta por construir conversaciones cotidianas donde el disco es apenas la música de fondo (Initials B.B. de Gainsbourg), o pequeñas ficciones con las canciones dirigiendo el accionar de los personajes (la sexual y casi inverosímil Live From A Shark Cage de Papa M). Hay hasta ejercicios de desdoblamiento, como el practicado por Ricardo Vicente (ex Tachenko y La Costa Brava) para el primer LP de The Band.

Los mejores resultados, sin embargo, llegan de la mano de los recuerdos de la adolescencia, o de cómo esta música, estos discos, sirvieron para hacer amistades eternas, conocer mejor a nuestros seres queridos o empezar a componer canciones propias. Casos como el de Ramón Rodríguez, cuyo amor por Sunny Day Real State le ha llevado no solo a conocer a sus músicos favoritos sino a convivir y tocar en directo con ellos, están narrados con tanta lealtad... O tanto respeto y cariño familiar, como el mostrado por Ricky Lavado (Standstill) cuando escucha el enorme Mediterráneo de Serrat junto a su hermano ("yo cuando canto esa canción no imito a Serrat, imito a mi padre") Aquí es donde el libro alcanza las cotas más altas y su razón de ser. Entre todos ellos, mis favoritos son dos textos muy diferentes en comparación pero escritos con sabiduría, nervio y gracia: Juan & Junior, por Francisco Nixon; y The People Who Grinned Themselves To Death de los Housemartins, por Nacho Vegas. Al primero le basta apenas tres historias mínimas y cotidianas para demostrar el gran ser humano que fue Sergio Algora durante los pocos años de vida que estuvo entre sus amigos, dándolo todo de sí antes que un paro cardiorrespiratorio lo volviera eterno. Cero sensiblería y sí mucha belleza. Respecto al segundo, es un puñetazo a las pretensiones de dos generaciones, la movida ochentera y el indie noventero español, que no quisieron inmiscuirse demasiado (sobre todo ésta última) en los problemas reales de su propio entorno. A diferencia de sus modelos foráneos, que con mucha magia popera y letras comprometidas (más no panfletarias) le cantaban más de una verdad a toda la clase dirigente. La (auto)crítica de Nacho Vegas es realmente como para ponerse de pie y, si eres músico, hacer algo al respecto (demás está decir que te hará pensar en lo vivido y escuchado de un tiempo a esta parte por estos lares)

Tenemos aquí veintitrés memorias (ilustradas por el mismo Ramón) que no se agotan con una primera lectura, no solo por la frescura y calidad literaria que puedas encontrar, sino también por ese name-dropping que tanto nos gusta. O más bien veinticuatro, si consideramos (y debemos) el prólogo de Miqui Otero, elegantísimo caballero a quien admiramos sin rubor por sus conocimientos y la gracia y entusiasmo con que los transmite. En todas, todas estas historias, hay por lo menos una frase sugerente que pinta de cuerpo entero a los que tratamos con material emocional intenso como los discos y, en general, con todo este asunto de la música en sus diferentes frentes (grupos, mixtapes, coleccionismo, viajes, amor) Por eso a veces me pregunto por qué hay gente que busca evitar esta clase de conexión entre canciones y personas, recuerdos o lugares. Pobres. Creen que están poniéndose a salvo, que están siendo listos evitando futuros arrepentimientos, cuando en realidad solo se niegan a enriquecer sus emociones. Quizá deberían dedicarse a coleccionar estampitas. Ya lo dicen en alguna parte de este libro: "tienes que ser imbécil para huir de la belleza como un prófugo de la sensibilidad".


Memorias Sónicas: Historias En Siete Pulgadas
Contra Ediciones, 2013
276 páginas, rústica

lunes, 18 de mayo de 2015

ALICE CLARK - I KEEP IT HID (1972)

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En lo más profundo de mí
sé que todavía lo amo
Pero él nunca lo sabrá
porque yo nunca lo diré
O confiaré
que estoy pensando en él
Y deseando poder
caminar hasta él y decir:

"Cariño, ¿qué has estado haciendo?
Todavía te amo como antes
Ya sabes
Nada va a cambiarlo"
Pero siendo como soy
Lo ocultaré

Últimamente he visto
la mirada en sus ojos
Se me rompe el corazón
Me necesita tanto
para que lo deje en paz
en este momento
¿Por qué no puedo caminar
hasta aquel viejo muchacho?
Y decir:

"Cariño, ¿qué has estado haciendo?
Yo sigo amándote como antes
¿No sabes
que nada va a cambiarlo?"
Siendo como soy
Lo ocultaré

Tal vez algún día
Renunciaré a mi estúpido orgullo
No es nada bueno
verlo morir de esa manera
porque por dentro es el mismo chico
¿Por qué no puedo?, ¿por qué no puedo
caminar hasta
aquel viejo muchacho?
Y decir:

"Cariño, ¿qué has estado haciendo?
¿No sabes que sigo amándote como antes?
Oh, dios, sabes que nada va a cambiarlo"
Siendo como soy
Lo ocultaré

Siendo como soy, sí
Lo guardo muy, muy dentro de mí


Alice Clark
Mainstream Records, 1972

jueves, 14 de mayo de 2015

TORO Y MOI - WHAT FOR? (2015)

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Acercarse a los treinta no solo es tardar más en sobreponerse a las resacas o ver cómo tu línea capilar se va replegando con los años. ¿Qué estabas haciendo tú a los 28? Y, sobre todo, ¿qué pensabas? Chazwick Bundick parece haber llegado a esa edad en la que vuelves a recordar el colegio, los primeros conciertos como espectador, la simpleza de escapar un fin de semana al campo. Y es que desde los 22 años, poco tiempo antes de graduarse como diseñador gráfico, ha ido formando parte cada vez más de la electrónica independiente de primera línea, a tal punto que se le considera (junto a Neon Idian o su compañero de clases Washed Out) como responsable principal de la chillwave. Toro Y Moi, su proyecto unipersonal, nació como música electrónica generada por software de computadora casera a la que también añadía sampleos. Si uno revisa las fotos o vídeos de aquellas presentaciones tempranas encontrará a un chiquillo reproduciendo su música en vivo tal y como la había creado en su habitación: a solas rodeado de varios teclados y una PC. De ahí en adelante: giras, promoción en radio, entrevistas, festivales y toda actividad consecuencia de editar discos a los que muchos fans y portales especializados prestan atención. También fue sumando colaboradores en directo hasta conformar la banda que ahora le sirve de apoyo. Y con ellos ha terminado de dar forma a este cuarto disco.

El cambio es notorio. Bundick había trabajado en cada LP con nuevos sonidos (para él, claro), adaptando estilos diversos, pero la base seguía siendo netamente electrónica. Ahora, desde el saque, las composiciones parten de guitarra, bajo y batería. Un esfuerzo integral de banda que a primera vista podría parecer un cambio drástico en su dinámica de trabajo pero que no lo es tanto si consideramos que ya en sus primeras grabaciones (algunas de ellas disponibles en la compilación June 2009) el músico de Carolina del Sur hace nacer sus canciones sampleando instrumentos tradicionales mientras toca la guitarra. Por eso decíamos al comienzo que parece echar de menos aquellos primeros años de formación y experimentación musical. El resultado es su álbum más retro, algo que en él ya es bastante decir, con aproximaciones a géneros setenteros como el soft rock menos convencional (el Something/Anything? de Todd Rundgren, por ejemplo) y el soul más espacial (Shuggie Otis, o aquellos momentos más plácidos del Light Of Worlds de Kool And The Gang como Summer Madness y You Don't Have To Change) Y acomete toda esta nostalgia con lo aprendido hasta la actualidad: sigue siendo Toro Y Moi.


Si los treinta y seis minutos de What For? se disfrutan de un tirón es por la importancia que la melodía tiene en sus diez canciones. Cortes pop a la manera tradicional, lleno de ganchos reconocibles y estribillos. Empty Nesters fue el primer adelanto y es ya para nosotros fuerte candidata a mejor single del 2015. ¡Qué canción para más encantadora! Con una estructura basada en guitarras y sintetizadores, y un ánimo tan evocador que hasta cita a Weezer en la letra ("No hay nadie que destruya tu suéter") Curiosamente, es esa misma nostalgia ya no musical sino temática el principal problema del disco. No solo en título sino ya desde el comienzo del álbum, un sonido de motor en marcha que va ralentizándose, podemos advertir cierto escapismo emocional. Pero Bundick duda entre preocuparse del futuro o seguir añorando sus recuerdos y parece optar por no comprometerse demasiado con nada y nadie, solo vivir el instante y dejar que cada quien interprete a su manera unas letras por ratos demasiado vagas. Esta falta de compromiso resta peso emocional a lo que escuchamos. No es música superficial, desde luego, pero sí de una levedad que si llega a buen puerto es solo por el oficio, competencia y frescura de la banda y el propio Bundick. Un ejemplo muy claro es la bailable Spell It Out, adicitva en su toque constante de guitarra y falsetes en las voces pero con una letra que fracasa en su intento de profundidad debido a preguntas cada una más pueril que la otra.

Aún así, los momentos disfrutables son muchos más. En What you want, el primer corte, la confusión emocional se percibe como sincera ("sé paciente conmigo, no soy bueno manteniéndome al día") en sintonía con la banda. La ya mencionada Empty Nesters es encantadora no solo en su divertido clip promocional sino en su espíritu exultante lleno de vida ("whooo") y tarareos irresistibles. Y nunca antes Toro y Moi habían sonado tan llenos de soul como en The Flight y Lilly. Sobre todo en la segunda, ideal para cerrar los ojos y abandonarse por completo a este arrullo espacial con algo de desazón ("Ella es la única que él conoce, el resto de su cuerpo viéndola partir / Cada día es como este, ninguno lleva a ninguna parte") Half Dome, Run Baby Run y Yeah Right, las tres últimas canciones, ayudan a inclinar la balanza a favor del álbum. No solo en sus sonidos más evocadores y acogedores sino en la esperanza que estos transmiten. La promesa de que todo va a estar bien. "Tienes tantas cosas que hacer / Duerme mientras puedas / No puedo esperar a tomar otra decisión / Tal vez sabremos lo que queremos para entonces".

What For?
Toro Y Moi, 2015
Carpark Records

domingo, 3 de mayo de 2015

LIONEL SHRIVER - BIG BROTHER (2013)

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Big Brother es, en la superficie, una novela acerca de cómo la comida se convierte para muchos en un insano sustitutivo de la felicidad a falta de experiencias gratificantes e imperecederas dentro de una sociedad cada vez más alienada ante el éxito y la perfección corporal. En un nivel más profundo, describe con gran inteligencia y humor la relación que se construye a través de los años entre miembros de una familia consanguínea y política. Demostrando así que "familia" y "seres queridos" no significan siempre lo mismo. Nos habla, además, del desgaste emocional que suele significar asumir a los nuestros en tiempos difíciles. O no. Porque es un juego de posibilidades, también, cuyas consecuencias no siempre estamos dispuestos a asumir.

Edison en un pianista de jazz neoyorquino caído en desgracia que visita a su hermana Pandora en un condado campestre de Iowa. No se han visto en cinco años y el shock no puede ser mayor: Edison ha añadido 101 kilos más a los 73 con los que ella lo recordaba y no tiene intenciones de dejar de comer. Para mayor problema Fletcher, su cuñado, es un nazi de la alimentación saludable. Llega un punto en el que Pandora, ante el ultimátum de su esposo, debe decidir con quién quedarse. Y ella elige a su hermano. Porque siente que la necesita más, porque está harta del éxito descomunal pero vacío de su empresa de muñecos personalizados parlantes, porque siempre se sintió inferior. Porque ambos aprendieron a cuidarse mutuamente desde niños. Especialmente desde la muerte de su madre y desde que empezaron a compararse con los hijos que su padre, un actor decrépito y ridículo, tenía en una serie de televisión de los años setenta que ya nadie recuerda. Luego de un patético incidente en el inodoro, Edison acepta el compromiso que le propone su hermana y juntos, durante un año, se imponen un régimen alimentario y de convivencia con el propósito de volver a su peso anterior. A Pandora esto sirve también para saber cómo Edison ha llegado a tal punto luego de tener una auspiciosa carrera en el jazz y darse cuenta que, más allá del resentimiento a su padre, una niñez particularmente apagada y la idealización del ser querido, su hermano es realmente un desconocido para ella.

La historia nace de una experiencia similar que sufrió la autora el 2009, cuando su hermano falleció por complicaciones derivadas del sobrepeso. "Yo tenía un piso en Nueva York, donde estaba hospitalizado y hablamos de la posibilidad de organizar la vida juntos, pero a los dos días se murió". La novela sirve entonces como exploración de lo que habría ocurrido si ella hubiese podido ayudarlo. De ahí que esté narrada por Pandora, la hermana, una especie de alter-ego de Shriver. Trabajado, eso sí, con la sutileza necesaria pues básicamente se trata de un personaje que suple sus limitaciones artísticas e intelectuales con una gran sensibilidad y capacidad de observación. Por eso no desentona que en una sola idea suya se unan las frases más trilladas ("el silencio fue tan denso que se hubiera podido cortar con un cuchillo", "el que no se siente seguro de su autoridad, no la tiene") con análisis poco comunes acerca de la ingesta de comida, la imagen personal, las relaciones de pareja y el amor fraternal.

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Pero esta no es una novela trufada de ideas sin respiro. Aquí los personajes se describen a sí mismos a través de sus acciones y especialmente conversando. Cada uno de ellos cuenta con sus propias jergas, modismos y maneras de pensar. La cena en la que Pandora invita a un amigo del trabajo, por ejemplo, muestra de manera brillante que los diálogos son uno de los puntos fuertes del texto. Tanto así que a veces sientes que algo se pierde en la traducción. Sobre todo cuando se trata de Edison, el más carismático del conjunto con su jive talkin' propio del mundillo del jazz, sus groserías y sentido del humor, y sus peroratas y refunfuños a géneros musicales, escenarios y artistas en general ("la mayor parte del mercado es para Norah Jones").

Baby Monótono, la empresa de muñecos parlantes para adultos de Pandora, es otra idea sugestiva que la autora parece usar para sí misma dentro de su propia novela. Este negocio consiste en la fabricación de muñecos a semejanza de personas reales, con una lista de frases predeterminadas elegidas por el cliente. De esta manera, el destinatario del obsequio ve reflejado en el muñeco no solo su aspecto físico sino también sus conductas cansinas o cargantes. La empresa es un éxito que da gran estabilidad económica a la familia de Pandora. No es descabellado pensar que Shriver haya usado entonces el personaje de Edison como su propio Baby Monótono en relación a su esposo Jeff Williams, profesor y compositor musical además de baterista de jazz, cuyas opiniones escuchadas una y otra vez en el ámbito conyugal habrían inspirado las frases más recurrentes de Edison: "Stan Getz me contrató por tres años", "el problema con Wynton Marsalis es que alimenta tanta nostalgia", "personalmente hecho la culpa a las escuelas de jazz", "debí tocar con Miles". No es difícil imaginar los buenos ratos y las risas que se habrán echado la pareja mientras ella escribía el libro. En lo personal, además, estoy de acuerdo con algunas de las otras opiniones que Edison suelta durante toda la novela acerca del jazz, las escuelas de música, la tradición y el elitismo (aunque me contradiga, creo, el hecho de haber escuchado una y otra vez el Cookin' y Relaxin' de Davies mientras avanzaba la lectura).

Si algo malo ha de tener Big Brother es el gran número de párrafos donde oraciones parten otras que a su vez parten otra más, afectando la fluidez. No cae en el estilo Lillian Ross del New Yorker (que tan jocosamente detalló Tom Wolfe en "Perdido en la selva de los pronombres relativos") pues, antes que la acumulación de datos, lo de Shriver es funcional. Sin embargo, que a veces nos haga recordar el ensayo de Wolfe no es muy positivo para el balance de la obra.

Con todo, no dudaría en recomendarla. Es una pena que no haya logrado dar el salto al cine como sí lo hizo "Tenemos que hablar de Kevin", el primer gran éxito literario de Lionel Shriver. Y es una molestia saber, por palabras de la escritora de 57 años, que Big Brother ha sido rechazada entre las personas con sobrepeso por considerarla ajena a esos problemas, porque "solo los gordos pueden hablar con propiedad acerca de otros gordos". Ellos se lo pierden. La actualidad de sus temáticas, descritas con inteligencia y mucha sensibilidad, y sus episodios de humor y tragedia, hacen de esta novela una de las mejores del 2013 (2014 en su traducción al español). ¿Qué propone al final? Pues un gran signo de interrogación. Un "qué habría pasado si" con el que todos, en algún momento, vamos a tener que cargar hasta el último de nuestros días.

Big Brother
Lionel Shriver, 2013
Anagrama, 2014
traducción de Daniel Najmías
400 páginas, rústica

sábado, 21 de febrero de 2015

LOS DISPAROS - HISTORIAS MÍNIMAS (2014)

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Hola, L. (se siente agradablemente raro volver a llamarte "Ele", los nombres con ele son los mejores) Hace muchísimo tiempo que no sé de ti y no pienso echarle la culpa al trabajo, las clases, ni a lo que sea que hayamos estado haciendo desde entonces. Tampoco a todas las personas que conocimos. Simplemente dejamos de vernos. Pero hace ya varias semanas que poco a poco vengo recordando algunas de las cosas de cuando éramos dos de una especie. Por ejemplo, cómo solíamos entusiasmarnos con cada descubrimiento. En la radio lanzaban una nueva que nos gustara y corríamos a contárnoslo, por lo general luego de varias horas e incluso días (no había ni celulares ni internet, al menos donde vivíamos) y el primero que la tuviera en cassette se la copiaba al otro. También era casi una ley compartir nuevos trucos de videojuegos y nuestros primeros libros. Todo era nuevo a pesar de las tantas limitaciones. Sin embargo, hay algo que he recordado por sobre todas las cosas: nuestras promesas. Estoy seguro que, como yo, con el tiempo las rompiste e hiciste unas nuevas. Que a su vez volviste a romper y pasaron cosas que te llevaron a juramentar de nuevo. ¿Pero qué es lo que se pierde en el camino y por qué duele tanto? Algunas de esas promesas, no solo las que hice contigo, he tratado de mantenerlas. Lo malo es que a menudo se ven y se sienten (sobre todo se sienten) como pines en un traje equivocado.

He recordado todas estas y otras cosas, creo, desde que escuché el single debut de los españoles Los Disparos en las primeras horas de enero. Había recibido el año con decepción, otra promesa rota de las demás que (sin saberlo yo aún) vendrían con el pasar de las semanas. Dejemos de lado el aspecto visual por un momento. Dejemos la diana mod de la carátula del disco (por cierto que hace ya varios años descubrí todo un mundo en el soul, lo mod, y derivados), dejemos la ropa a la medida y las scooters (¡espero tener una pronto!) del videoclip. Lo que me atrapó casi al instante fue cómo todavía se puede utilizar el pasado de base y catapulta hacia el futuro. Cómo el cambio de acorde necesario y el golpe de batería preciso aún es relevante si las palabras que las acompañan nos pintan imágenes que podamos abrazar sin rubor. Quizá es más relevante que antes, dado el panorama musical actual y la escasez de refugios que nos ofrece. Esto es música que habla de nosotros, de personas comunes y corrientes con grandes historias detrás. De noches de baile y promesas. De "un único lenguaje que entendiéramos tú y yo". De tardes de sol junto a amistades eternas que duraban lo que un curso del colegio. Del primer amor y la primera decepción, cuya pena sigue repitiéndose dos, tres, todas las veces posteriores porque tardamos en solucionar lo imbéciles podemos llegar a ser y perdemos personas en el intento de mejorar, cuando ya es tarde. ¿Entiendes ahora por qué este siete pulgadas se llama Historias Mínimas? Tengo que agradecer el boletín de novedades que Clifford Records envía al correo. Son ellos quienes los editan, y así fue como los conocí.


Pero no creas que todo esto se trata de mera nostalgia. No todo es Who o los Jam, ni power pop, aires sixties o mod revival. Hay de eso y a raudales, pero de una manera tal que también nos brinda esperanza. Escuchas estas cuatro canciones y sabes que las cosas irán bien. "Las páginas de esta vida podrían cambiar", "todo puede suceder", "hierve tanto la sangre por tus venas: señal de que no ha muerto la primavera", "lo que nos queda: DIGNIDAD" y tantas frases que nos aseguran que al final venceremos. Que depende únicamente de cuánto lo queramos. Si crees que exagero (después de todo hace tanto que no nos vemos, nuestros gustos ya no se complementan) escucha Héroes de Barrio, mi favorita del single. No oía una canción actual tan sentida y digna al mismo tiempo desde ya no sé cuándo. Con ese bajo preparándonos desde el comienzo para una melodía emocionante, llena de latidos de batería en compás con los de nuestros corazones, y de redobles que nos empujan a hacer cosas de una remaldita vez. Tan solo esa canción ya justifica la existencia del grupo y por qué se llaman como se llaman. Si la hubiera escuchado apenas salía el disco a la venta (a mediados de diciembre último, más o menos) la hubiese puesto bastante arriba de mi lista de fin del año. Ahora trato de remediar esa omisión poniéndola una y otra vez en el tocadiscos, a todo volumen.

La llegada del disco a casa fue algo accidentada pero tras unas cuantas semanas más de espera todo se solucionó. Si tienes oportunidad de verlos, hazlo. He visto presentaciones de ellos en youtube y es algo que me quedará pendiente experimentar en vivo. Mientras tanto seguiré compartiendo este EP con mis amigos (¿recuerdas a Jesús? me está ayudando mucho últimamente) y haciéndolo girar en casa y posiblemente en fiestas. Es parte ya de la banda sonora de este verano que se aleja junto a algunas personas. Solo espero que te encuentres bien allá donde estés y con quien estés. Como cuando éramos fuertes y sin nombre, persiguiendo sueños en un tejado, he vuelto a compartir un descubrimiento contigo y con quien sea que esté leyendo esto ahora. Ya no en cassette o por teléfono, obviamente, ni mediante discos quemados con portadas hechas a mano ni a través de dispositivos que unen dos audífonos en un viaje de bus. Porque hay momentos que nunca más regresan. Pero al menos no todo es malo: eso le deja espacio, mucho espacio, a momentos nuevos. No me siento del todo bien pero no es nada que no haya sucedido antes. Todo pasa. Tú y yo lo sabemos mejor que nadie.

Historias Mínimas
Los Disparos, 2014
Clifford Records

martes, 17 de febrero de 2015

CUANDO ESCUCHÁBAMOS RADIO

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Estoy de vacaciones desde el lunes pasado, así que aprovecho para hacer varias cosas. Algunas de ellas interrumpidas por mi rutina diaria de trabajo y relegadas únicamente a los fines de semana. Por ejemplo: continuar con la limpieza y el orden a fondo de mi cuarto. Botando cosas (papeles, en su mayoría) revisé unas cajas y di con el autógrafo que me hizo Toño de Libido en la puerta de Radio Comas al salir de una entrevista. La banda estaba en plena promoción del Hembra (su segundo disco) y esa misma noche darían un concierto en el por entonces nuevo local llamado Muelle Inn, a veinte minutos en carro de mi casa, también en Comas. Gracias a un concurso y mi participación vía telefónica, Toño y la radio decidieron regalarme una entrada para esa presentación. Solo había que hacerles un par de preguntas que ya ni recuerdo (en realidad sí, pero me da vergüenza) y entraba al sorteo. Como tenía planeado abordarlos cuando dejaran la estación, llamé desde un teléfono público a pocas casas de distancia, gastando más monedas de lo que me podía permitir. Pero valió la pena. Mi amigo Luis estaba conmigo y escuchábamos la entrevista desde su walkman compartiendo los audífonos cuando mencionaron mi nombre. Nunca antes había ganado nada, especialmente en las rifas del colegio. Tenía que pasar por ella en la tarde/noche, así que fui saliendo del instituto.

El concierto empezó casi dos horas después de lo que decía el boleto, horario que al parecer solo yo había respetado. No era la primera vez que veía a una banda en vivo pero sí la primera vez que se trataba de una completamente de moda y, digamos, fresca (a pesar de sus limitaciones) También la primera vez que estaba sin compañía y me tomaba un par de cervezas yo solo. Es probable que ya ninguno de los asistentes de esa noche recuerde este concierto, pero yo sí recuerdo que la disco estaba repleta (vi también un montón de conocidos, aunque no me saludara con todos), recuerdo la ropa que llevaba puesta (camisa blanca manga larga remangada hasta los codos, el reloj de mi viejo, un jean oscuro y mis zapatos/zapatillas favoritas), lo que bebí (dos botellas de Cristal) y hasta el setlist (en parte porque fue de lo más obvio, empezando con el single de ese momento y cerrando con su mayor hit) Aunque había demorado más de la cuenta, en casa no me dijeron nada. Dormí contento aquella noche.

Muchas horas antes doce o quince personas nos habíamos agrupado para abordar a Toño y Salim a la salida de la radio y nos den unos autógrafos. Uno de esos fans (a quien yo no conocía de nada) se ofreció a fotografiarnos por cinco soles. Luis y yo aceptamos, pero dudaba de si Salim saldría en la foto. Mientras firmaba unas hojas de mi cuaderno le había hecho una broma ("a este tío yo lo conozco pero no sé de dónde") que respondió con cara de culo. Pero cuando le pedimos que posaran ambos nos abrazaron como si los cuatro fuéramos de un equipo de fútbol, y miramos todos a la cámara sonriendo y haciendo muecas. Una foto realmente divertida en un mediodía precioso lleno de sol. No sé si el tipo la reveló o qué, porque perdí su teléfono y su dirección (era de Los Olivos) así que mi único recuerdo físico de aquel día es este papel firmado y el boleto del concierto. Los mismos que, como les contaba, encontré hoy en una caja mientras hacía baja policía en mi cuarto.

Ya no soy fan de Libido, aunque todavía me gusten varias de sus canciones. De lo que siempre seré fan, en cambio, es de la radio de mis días de adolescencia y la clase de ritos que traía consigo. Esperar horas escuchándola con el cassette listo para grabar LA canción (el techno fue mi northern soul, les hablaré de ello pronto), y rezar para que el locutor no la interrumpiera con su voz o con la cuña de la emisora. Anotar los títulos con cuidado, traducidos o erróneos en muchos casos. Ahorrar para comprar más cassettes y quedarte sin dinero para los conciertos. Llamar a la emisora para que te regalen entradas y disfrutar de lo que era uno de tus grupos favoritos. De eso, lo digo otra vez, siempre seré fan. Era el año dos mil y yo tenía pocos meses de haber cumplido los dieciséis.

lunes, 9 de febrero de 2015

LAS POSTALES DE JENS LEKMAN

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Este año Lekman vuelve con un nuevo LP. Sin embargo, a inicios de enero nos contaba que como compositor había emociones y pensamientos que no resistían todo el proceso creativo. Que hay grandes posibilidades en que algo deje de ser importante de una mañana a otra, lo cual a veces no es justo. Fue entonces que nuestro sueco favorito hizo una promesa de año nuevo: sentarse una vez por semana, durante todo el 2015, a componer una canción para preservar esas sensaciones en el tiempo (subiéndolas a su cuenta personal de Soundcloud). Luego de de tres álbumes y varios EPs y singles, es gratificante saber que busca nuevas maneras de estimular su creatividad imponiéndose un plan de trabajo tal. Pero a pesar de la alegría de saber que tendríamos una canción nueva de él por semana, yo desconfiaba de que pudiera lograrlo. Después de todo (eh, tú, Sufjan, no mires a otro lado) no es el primer compositor en dejar de lado un proyecto de esta clase.

Y véanlo, véannos ahora. Febrero casi acaba y tenemos ya seis postales, que así prefiere llamarlas él. Y todas son una belleza. Unas más, otras menos, pero todas tienen el encanto de lo cotidiano. ¿Cómo es posible que no use alguna de ellas en su nuevo disco? Estamos hablando de 52 canciones nuevas. Dos o tres seguro irán a parar al próximo álbum, ¿pero y las demás? Las melodías brotan de este señor, no hay duda.

Y todas tienen su marca, esa que tanto nos gusta. Los pianos lánguidos y solitarios de aquellos lejanos cortes del "Oh You're So Silent" en Postcard #1, diciéndonos que estas canciones son "como marcadores de libros en el tiempo, como migajas de pan". O describiéndonos una tarde en el parque con samples y toques jazzy en la #2. La tercera Postal, en cambio, resultó de algo mucho más especial como un pedido para tocar en una boda. ¡Jens entonces dedicó su nueva canción a los novios! Dos australianos que "sencillamente se despertaron un día y decidieron que el sol es aburrido" y terminaron casándose en Jukkasjärvi, una de las localidades más frías de Suecia (famosa por su hotel de hielo) "Si el amor puede sobrevivir aquí, entonces el amor puede sobrevivir en cualquier lugar". Qué envidia.

La cuarta Postal es mi favorita hasta el momento. Un accidentado viaje en bus (con truenos y todo) como catalizador de recuerdos que van quedando atrás, saliendo de diferentes partes del cuerpo y los sentidos (rimando cortex con gortex con vortex) La melodía es bellísima pero resignada, acompañándose otra vez de un piano y suaves vientos. Es una lástima que dure tan poco. En Postcard #5 narra las sensaciones que le dejan las giras y lo que creía de ellas cuando empezó a hacer música. No puede evitar pensar en todos los pequeños lugares que no ha visitado, lejos del circuito de los festivales y las ciudades principales. Así que propone tocar donde sea siempre que lo inviten. "Livingroom Tour" lo llama, y al final de la canción nos pide que le escribamos a su correo si queremos que toque en nuestra sala, el jardín de un amigo, o en la biblioteca.

La última de las postales hasta el momento es otra de mis preferidas. De los samples que usa, el de la banda sonora de Interstellar nos da la clave de la canción. Tal como lo hace el protagonista de la película, Jens deletrea en morse las palabras "I Miss You". ¿Pero cuántos de nosotros sabemos código morse? Así que al instante se deja de rodeos: "te extraño, te extraño, te extraño".

Te extraño...

Te extraño...


Sí, nuestro corazón podrá estar roto, pero aún quedan cuarenta y seis postales más que nos hagan compañía una vez por semana. "Entonces al final de este año podremos sentarnos tú y yo y escuchar todas estas 52 canciones, y recordar dónde estábamos y cuándo, y a quién besamos y a quién perdimos. Estoy deseando llegar a eso." Yo nunca quise llegar a eso, Jens. Pero ahí estaré de todas formas.

Postcards
Jens Lekman, 2015

lunes, 19 de enero de 2015

BELLE AND SEBASTIAN - GIRLS IN PEACETIME WANT TO DANCE (2015)

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Cuando supe que Belle And Sebastian lanzaría un nuevo trabajo no sentí lo que cabría esperar de un fan enamorado de sus primeros cinco álbumes. Sucede que han pasado ya más de diez años desde el último de esos cinco. Calibraron nuevas influencias, adoptaron métodos diferentes de trabajo, ni siquiera hicieron ascos al loudness war. Tal y como tienen ellos todo el derecho de probar nuevos caminos y sonidos, yo por mi parte les daba la espalda sin ápice de culpa (y con cierta pena) mientras buscaba belleza en otras bandas y canciones. Así funciona para mí. Pero nunca les he perdido el rastro del todo. Quizá (no, quizá no, de hecho) por ese pasado sus nuevos LPs aún podían generar expectativa y, lo más importante y la razón por la que aún no les negamos el saludo, todavía lograban emocionarnos en contadas ocasiones (¿tres o cuatro cortes por disco nuevo, tal vez?). Me refiero en concreto a "I Did't See It Coming", la BELLÍSIMA canción de Sarah Martin con que empieza su penúltimo disco. No podía quitarme su melodía de la cabeza, la ponía a todas horas, se la dediqué a mi por entonces novia, veía una y otra vez el videoclip. Era dulce, frágil, había en ella una esperanza emanando a borbotones. ¿Por qué diantres, se preguntarán ustedes a punto de dejar de leer esto, hablo de una canción de hace casi cinco años? De lo que tendría que estar contándoles es acerca del nuevo disco de nuestra (ex) banda favorita de Glasgow. Sucede que, lo crean o no, gran parte de las intenciones de este fresquito Girls In Peacetime... pueden explicarse con el make me dance I want to surrender que como un mantra no deja de repetir Murdoch a medida que la canción avanza y mientras no para de bailar en el clip promocional.

Son esos versos los que repite antes de empezar con The Party Line, el primero de los avances del nuevo álbum, en el Festival de Pitchfork de octubre del año pasado. Se trata de una presentación reveladora. Si bien nunca fueron reacios a moverse sobre el escenario y hacer del concierto una celebración, lo que se ve son diversos y numerosos juegos de luces, gigantes siluetas danzantes como fondo de escenario, sintes a mansalva y constantes golpes de platillo similar a cualquier clímax discotequero. Aunque ahora la canción me encanta, lo primero que pensé fue si era otro remix, similar a los incluidos en el recopilatorio The Third Eye Centre. Buscando más canciones nuevas doy con Enter Sylvia Plath y viene el espanto. ¿Es Belle And Sebastian, la intro de un videojuego noventero o la alarma de un Nokia? La escena se repite pero es todavía peor: Stuart Murdoch lleva una keytar.

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Pocas semanas después era el turno de Nobody's Empire, segundo adelanto con vídeo y todo, y para entonces ya sabíamos el título del LP y la imagen de portada. Lo que nos lleva al otro tema del disco: la política. Incluso toda la banda se fotografía sosteniendo los diarios escoceses del 18 de septiembre, día del referendo para independizarse de Inglaterra (Glasglow fue una de las ciudades con mayor porcentaje de voto a favor, aunque finalmente ganó el "NO"). Murdoch se apresura en matizar: "Alguien tratando de hacer un disco político es alguien haciendo un disco aburrido. Es lo que la gente hace cuando ha renunciado a la vida y el romance". Ambos elementos están muy presentes en toda la carrera de Belle And Sebastian, incluso en proyectos fuera del grupo como God Help The Girl, la película que Murdoch escribió y dirigió el 2013. También lo está en este disco desde la primera canción, la ya mencionada Nobody's Empire. Se trata de su composición más personal a la fecha, contándonos de sus profundos problemas de salud durante la adolescencia, sus visiones a medida que sanaba, lo que lo llevó a componer canciones y cómo perdió al amor de su vida (así es, aún no olvida ni olvidará jamás a Isobel Campbell) Confieso que no vi mayor gracia al principio y no volví a escucharla hasta que se filtró el álbum completo.

Tras escuchar estos doce cortes uno entiende mejor lo que quisieron transmitir. Es de agradecer que Belle And Sebastian, y en especial su compositor principal, sigan interesados en los mismos personajes: jóvenes atribulados con el sexo, sus discos, libros, y la negación a crecer. No es para nada un disco político pero ahora intentan (intentan, dije) describir además cómo la política afecta la burbuja propia de la edad. Y han querido aunar tal sensación con el escape que ofrece el baile. No siento que lo hayan logrado del todo. Ambas ideas parecen desentendidas una de la otra a medida que avanza un disco por ratos demasiado largo (62 minutos en edición normal) Quizá lo logren al cien por cien algún día y para ello vuelvan a cambiar de productor. El elegido para este álbum fue Ben Allen (quien ha trabajado con Deerhunter, Washed Out, CeeLo Green y Animal Collective), responsable de casi la totalidad de beats y sintes en este trabajo. Donde se le nota más es en la controversial Silvia Plath. Como ya les dije, no caí en ella desde el principio. ¿Qué importaba que se tratara de la notable escritora norteamericana? Eso no hace mejor a una canción pop. Pero olvidaba que de eso se trata finalmente. Y en este disco no encontrarán nada más POP que esto.

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Definitivamente es la primera mitad del álbum es la que más me gusta. Nobody's Empire (líneas como "Si vivimos por los libros y vivimos por la esperanza/¿eso nos hace dianas para los disparos?/Ahora te veo, eres madre de dos niños./Eres una silenciosa revolución" es de lo más bonito en lo que va del año), el cuento de alienación llamado Allie, la fiestera The Party Line (que en una radio de aquí duró varios días en el top del ranking), la dulce The Power Of Three, The Cat With The Cream con el gato como lo único puro y digno en un hogar lleno de gente horrible, Enter Silvia Plath homenajeando el Eurodisco. De lo que sigue no podría decir mucho ya que suena derivativo por momentos. Ever Had A Little Faith, por ejemplo, es una canción de la época Tigermilk/Sinister... a la que no encuentro mérito para haberla rescatado. Today es, como todo mensaje de paz, soporífero al igual que The Everlasting Muse y su confusión de ideas. Solo Sarah Martin y la potente The Book Of You (bajo retumbante, solo de guitara) más el dueto de Murdoch con Dee Dee Penny de las Dum Dum Girls en la saintetiennesca Play For Today logran despertarnos, ésta última durante más de siete minutos que casi ni se notan.

Rechacé este álbum en un principio, ahora me gusta más que antes. Y para eso, felizmente, no tuve que darle tantas vueltas. Pero lo que queda es la misma sensación de hace años. Buenas canciones, bastante disfrutables, y otras de las que me voy a olvidar el siguiente mes. No he vuelto a enamorarme, pero Girls In Peacetime Want To Dance mantiene la atención sobre ellos. Con el rabillo del ojo, todavía.

Girls In Peacetime Want To Dance
Belle And Sebastian, 2015
Matador Records

domingo, 4 de enero de 2015

LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO DE WOODY GUTHRIE

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Aún no apunto mis resoluciones para este nuevo año. No se rían. Los primeros días de enero todo es buena voluntad y buen ánimo, etc. Y ya que para muchos las vacaciones terminan y debemos volver al trabajo mañana, creo que hacer una lista de las cosas que queremos lograr (u olvidar) será un buen primer paso para que ciertas cosas mejoren. Además es divertido hacer listas. Si no lo creen vean estos propósitos de año nuevo escritos por Woody Guthrie el primer día de 1943 (o '42, la fecha no se conoce con exactitud). Treinta y tres promesas a uno mismo que harían palidecer a cualquier otra similar por la nobleza y simplicidad de sus enunciados. Algunos de ellos básicos en apariencia, pero comprensibles dada su errante vida en los trenes y las carreteras (lo que le valió conocer todo el territorio norteamericano). Junto con sus canciones, un reflejo del alma de un hombre eterno como Woody. Y un gran punto de partida para nuestros propios deseos.

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Esta es la lista traducida [y mis impertinencias entre corchetes]

01. Trabajar más y mejor.

02. Trabajar con un horario.

03. Lavarme los dientes si queda alguno.

04. Afeitarme.

05. Bañarme.

06. Comer bien (frutas, vegetales, leche)

07. Beber poco. [a menos que sea vino]

08. Escribir una canción por día.

09. Usar ropa limpia, verme bien.

10. Lustrar zapatos.

11. Cambiar calcetines.

12. Cambiar la ropa de cama con frecuencia.

13. Leer montones de libros buenos.

14. Escuchar mucho la radio. [en aquella época la radio no era la vergüenza que es ahora]

15. Aprender mejor de la gente.

16. Mantener el rancho limpio.

17. No estar sin compañía.

18. Estar alegre.

19. Mantener la máquina de la esperanza funcionando.

20. Soñar bien.

21. Depositar en el banco todo el dinero extra.

22. Ahorrar dinero.

23. Tener compañía pero no desperdiciar tiempo.

24. Enviar dinero a Mary y a los niños.

25. Tocar y cantar bien.

26. Bailar mejor.

27. Ayudar a ganar la guerra, vencer al fascismo. [Aún faltaban casi tres años para el fin de la Segunda Gran Guerra]

28. Amar a mamá.

29. Amar a papá.

30. Amar a Pete. [se refiere a Pete Seeger]

31. Amar a todos.

32. Decidirse.

33. Despertarse y luchar.


La imagen al inicio del post pertenece al ilustrador inglés Matt Pringle. A inicios del 2013 tuvo la buena idea de dibujar cada uno de los propósitos de Woody y publicarlos uno por día en su blog personal, recopilándolas un año después en un libro editado por él mismo (ya agotado). Pueden ver todas pinchando aquí

viernes, 2 de enero de 2015

KIKO AMAT - COSAS QUE HACEN BUM (2007)

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He buscado esta novela desde hace varios años pero cuando la encontré no la leí inmediatamente. Creo que se debió a que forma parte de la biblioteca donde trabajo y la seguridad de tenerla a la mano hizo que me enfoque en otras lecturas. Este libro habla un poco de esas actitudes. De la obsesión por la propia obsesión, de conseguir algo solo para ir a por lo siguiente. En esta su segunda novela Kiko Amat nos habla, sarcásticamente, de sus propias pasiones y mitologías. De sus años de juventud y baile, de amor por los discos, libros, historietas y los trapos más elegantes. La cantidad de referencias y name-dropping que ostenta con orgullo hace que puedas... no! que DEBAS encararlas lápiz y libreta en mano.

Esto es lo que ha venido a llamarse "novela de iniciación". Aquí el protagonista tiene apenas veinte años y consigo debe arrastrar las consecuencias de la muerte de sus padres. Es decir, mudarse de país a una ciudad del extrarradio y la crianza de una abuela anarquista que desde el primer momento se niega a educarlo convencionalmente. Lo que resulta es un adolescente solitario que a sus 16 años ya ha sido futurista, dadaísta, surrealista y situacionista. Listo para enfrentarse al instituto, las mujeres, los demás chicos y la novedad de la capital. ¿Dije "listo"? No nos engañemos. NADA te prepara para las cosas que te suceden por primera vez, y MENOS aún a esa edad. Por ello lo que hace BUM aquí es él, nuestro amigo Pánic Orfila, viviendo experiencias a la velocidad que lo permitan las drogas y las Vespas que roba. Conociendo los mejores discos de soul, nuevos looks, el amor, y la amistad construida a punta de puños y mandadas a la mierda. Su interacción con una pandilla de dandis y el papel que juega en sus actos subversivos es algo que también lo marca para el resto de su vida. Pánic es demasiado listo como para ignorar que todo eso lo está llevando al descalabro físico y emocional. Pero también, lo dijimos antes, es un adolescente lleno de obsesiones.

Uno de los varios puntos fuertes de la novela, junto con el gran sentido del humor y la proliferación de pistas, es el afán por el detalle. No se alarmen, no hay sillas descritas es dos páginas o capítulos narrando un paisaje ni nada por el estilo. Estamos ante un libro con influencias del pulp norteamericano, no ante un ladrillo literario ruso. Aquí adjetivos hay un montón, pero el autor prefiere usarlos para sus desopilantes símiles y la manera en que describe los ropajes de estos chicos y las sensaciones que causan las canciones que escuchan. En lo demás prefiere la acción, el disparar primero y preguntar después. Y eso es un triunfo que muchos escritores olvidan. No hay mejor manera de explicar a un personaje que poniéndolo a hacer cosas. ¿Tu personaje es un maldito loco? Pues no solo digas que lo es, que mejor haga locuras y así nosotros nos daremos cuenta.

La parte final, eso sí, resiente el puntaje final. Es derivativa y tiende a la repetición. Blandengue, en suma. La redención de su final incompleto hace que este bache no estropee la novela.

Quizá por eso Cosas Que Hacen Bum se lee prácticamente de un tirón. No es extraño que una productora española esté trabajando en la versión cinematográfica, cuyo borrador ha contado ya con la aprobación del mismo Kiko Amat. Cuándo estará lista es algo que aún no sabemos. De lo que estamos seguros es de estar ahí en primera fila para verla. O lo que es más real dada nuestras condiciones: seremos los primeros en descargarla.

Cosas que hacen BUM
Kiko Amat, 2007
Anagrama
300 páginas, rústica