martes, 17 de febrero de 2015

CUANDO ESCUCHÁBAMOS RADIO

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Estoy de vacaciones desde el lunes pasado, así que aprovecho para hacer varias cosas. Algunas de ellas interrumpidas por mi rutina diaria de trabajo y relegadas únicamente a los fines de semana. Por ejemplo: continuar con la limpieza y el orden a fondo de mi cuarto. Botando cosas (papeles, en su mayoría) revisé unas cajas y di con el autógrafo que me hizo Toño de Libido en la puerta de Radio Comas al salir de una entrevista. La banda estaba en plena promoción del Hembra (su segundo disco) y esa misma noche darían un concierto en el por entonces nuevo local llamado Muelle Inn, a veinte minutos en carro de mi casa, también en Comas. Gracias a un concurso y mi participación vía telefónica, Toño y la radio decidieron regalarme una entrada para esa presentación. Solo había que hacerles un par de preguntas que ya ni recuerdo (en realidad sí, pero me da vergüenza) y entraba al sorteo. Como tenía planeado abordarlos cuando dejaran la estación, llamé desde un teléfono público a pocas casas de distancia, gastando más monedas de lo que me podía permitir. Pero valió la pena. Mi amigo Luis estaba conmigo y escuchábamos la entrevista desde su walkman compartiendo los audífonos cuando mencionaron mi nombre. Nunca antes había ganado nada, especialmente en las rifas del colegio. Tenía que pasar por ella en la tarde/noche, así que fui saliendo del instituto.

El concierto empezó casi dos horas después de lo que decía el boleto, horario que al parecer solo yo había respetado. No era la primera vez que veía a una banda en vivo pero sí la primera vez que se trataba de una completamente de moda y, digamos, fresca (a pesar de sus limitaciones) También la primera vez que estaba sin compañía y me tomaba un par de cervezas yo solo. Es probable que ya ninguno de los asistentes de esa noche recuerde este concierto, pero yo sí recuerdo que la disco estaba repleta (vi también un montón de conocidos, aunque no me saludara con todos), recuerdo la ropa que llevaba puesta (camisa blanca manga larga remangada hasta los codos, el reloj de mi viejo, un jean oscuro y mis zapatos/zapatillas favoritas), lo que bebí (dos botellas de Cristal) y hasta el setlist (en parte porque fue de lo más obvio, empezando con el single de ese momento y cerrando con su mayor hit) Aunque había demorado más de la cuenta, en casa no me dijeron nada. Dormí contento aquella noche.

Muchas horas antes doce o quince personas nos habíamos agrupado para abordar a Toño y Salim a la salida de la radio y nos den unos autógrafos. Uno de esos fans (a quien yo no conocía de nada) se ofreció a fotografiarnos por cinco soles. Luis y yo aceptamos, pero dudaba de si Salim saldría en la foto. Mientras firmaba unas hojas de mi cuaderno le había hecho una broma ("a este tío yo lo conozco pero no sé de dónde") que respondió con cara de culo. Pero cuando le pedimos que posaran ambos nos abrazaron como si los cuatro fuéramos de un equipo de fútbol, y miramos todos a la cámara sonriendo y haciendo muecas. Una foto realmente divertida en un mediodía precioso lleno de sol. No sé si el tipo la reveló o qué, porque perdí su teléfono y su dirección (era de Los Olivos) así que mi único recuerdo físico de aquel día es este papel firmado y el boleto del concierto. Los mismos que, como les contaba, encontré hoy en una caja mientras hacía baja policía en mi cuarto.

Ya no soy fan de Libido, aunque todavía me gusten varias de sus canciones. De lo que siempre seré fan, en cambio, es de la radio de mis días de adolescencia y la clase de ritos que traía consigo. Esperar horas escuchándola con el cassette listo para grabar LA canción (el techno fue mi northern soul, les hablaré de ello pronto), y rezar para que el locutor no la interrumpiera con su voz o con la cuña de la emisora. Anotar los títulos con cuidado, traducidos o erróneos en muchos casos. Ahorrar para comprar más cassettes y quedarte sin dinero para los conciertos. Llamar a la emisora para que te regalen entradas y disfrutar de lo que era uno de tus grupos favoritos. De eso, lo digo otra vez, siempre seré fan. Era el año dos mil y yo tenía pocos meses de haber cumplido los dieciséis.

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