viernes, 13 de mayo de 2016

LIMA SOUL CLUB : 3° SESSION ALL NIGHTER (06/05/16)

El viernes 6 de mayo fue la Tercera Fiesta del Lima Soul Club, nuevamente en el Bar Bolognesi 206 de Barranco. ¿Pero qué es el Lima Soul Club? Como decimos nosotros mismos en la fanpage "es un punto de encuentro para los amantes de la música negra (Soul, Reggae, Rocksteady, Ska, R&B y Boogaloo) conformado por locales y extranjeros que tienen como objetivo la promoción aquello que nos apasiona y nos hace bailar en cada fiesta que realizamos. De esa manera ir creciendo e ir sumando adeptos". ¿"Nosotros" dije? Pues sí, formo parte del club desde hace un tiempo y no saben lo orgulloso que estoy.

Todo empezó con mi amigo Mario Tin Soldier, huancaíno apasionado del soul, lo mod y (como ya lo habrán notado) de los Small Faces, tomando contacto con Dandy Stuart, selector limeño especializado en lo skinhead, el ska y el rocksteady, y con Fernán El Pibe, español presidente del scooter club de Valencia, radicado actualmente en Perú. Ya antes hubo algunos intentos de reunir a entusiastas del rollo soul en un par de eventos en el bar Zela que lamentablemente no cuajaron del todo. Es a fines del año pasado que mis actuales compinches deciden empezar a rodar el Lima Soul Club, un miércoles 11 de noviembre, ofreciendo una fiesta llena baile y ritmos negros. Desde entonces el Club no ha hecho más que crecer en todo aspecto y es aquí donde me uno por invitación de ellos, a quienes conozco desde antes, primero en las reuniones de camaradería (cervezas, hablar de música, pasear por Lima) y luego asistiendo a la segunda fiesta, sábado 13 de febrero de este año. Qué les puedo decir. Fue una experiencia feliz bailar hasta muy entrada la madrugada con Chuck Wood (¡"Seven Days Too Long"!), con los Style Council (¡"Solid Bond"!), Prince Buster, boogaloo, Four Tops, etc. y más etc., directamente desde unos preciosos singles de siete pulgadas, y no solo con apasionados compatriotas. Y es que el Lima Soul Club viene siendo un espacio de encuentro para fans y DJs de varios países. Desde USA (Yesenia Say Yes!) hasta Chile (Miss Reggaefull), desde España (Fernán El Pibe y el gran Javi Pancho Esponja!) hasta Colombia (Felipe Garzón), pasando por México (Elisse Locomotion y Carlos René, organizadores de Hipshakers, que va ya por su 7mo aniversario) Locales y visitantes como parte de una misma convocatoria que no hace sino crecer con cada fiesta. La tercera, el viernes último, fue otro gran ejemplo de ello.

Problemas, varios. Equipos listos pocos días antes, aguja de uno de los platos estropeada sobre la marcha del primer pinchaje, correteos para reemplazarlo cuando la gente empezaba a mover el cuerpo, manos rápidas con un solo tocadiscos mientras Mario salvaba la noche yendo por su plato a casa en taxi. Pero el ánimo del público y el nivelazo de los DJs invitados hizo que esta noche valiera la pena. Basta ver las fotos. Luego de entrar en calor a ritmo de reggae, rocksteady y ska cortesía de Dandy Stuart, la selección latina de Marco "El Frenético" hizo despegar la fiesta y nadie se permitió no bailar ni dar vueltas o saltos al ritmo de La Lupe, Mario Allison, o El Cacique. Realmente hizo honor a su apelativo de pinchaje, dejando la tarima entre aplausos. Era mi turno ahora y el listón había quedado altísimo. Envalentonado por los ánimos de mis camaradas y un par de cervezas, pasé a ser Lost Detective, presto a girar mi retahíla de siete pulgadas. "Pistas" en un sentido más allá del musical, resultado de una búsqueda desarticulada pero constante a través de varios años con el solo objetivo de encontrar canciones hermosas. Por fin, luego de mucho tiempo, tantas horas perdidas de adolescencia y juventud significaban algo para alguien más que no fuera yo mismo. Aunque no llegué ni a la mitad del nivel mostrado por el selector que me precedió ni del que vendría, y a pesar de que algunos discos elegidos no fueron los más adecuados para esta ocasión, lo hice más que bien. Y así lo noté al verlos bailar, al hacerlos bailar. ¡Qué animosidad y alegría había en cada rincón del bar!

Luego de una declaración de principios (y difícil de bailar) como la de Ben E. King en What Is Soul, empalmé con The Contours y su alegremente fardona Do You Love Me (I can mash-potatoe / And I can do the twist / Now tell me baby / Mmm, do you like it like this?) Ahí arriba, frente a dos tocadiscos y una mezcladora básica, volví a la vida a Otis Redding (A Lover's Question), a Gil Scott-Heron (When You Are Who You Are), a los Four Tops (Standing In The Shadows Of Love), voces que tenían algo urgente que decir y que aún resulta relevante, sonidos potentes pero elegantes, que se dejan de rodeos y se auto-afirman a cada segundo. ¿Trallazos en la pista? la súplica llena de ritmo de Chairman Of The Board en "(You've Got Me) Dangling On a String", Chubby Checker y el himno northern soul "At The Discotheque", una descorazonada Freda Payne y su megahit "Band Of Gold", la sublime "Trapped In A Love" de los Barrino Brothers, Jackie Wilson y las baterías trepidantes de "Soul Galore", Los Retrovisores y una pendenciera "Comprensión". Sumen el stomper de The Cautions en "No Other Way" y el sabor latino de los panameños The Soul Fantastics en la ácida "Funky Pugging". El hit con la rebuscada, lo clásico y lo contemporáneo, la Realeza y la catacumba. Música llena de vida para bailar entre la alegría y el llanto. Quizá por eso me animé, casi al final, a lanzar un guiño al respecto y dejé que "In My Lonely Room" de Martha And The Vandellas sea quien hablara por mí sin dejar que nadie bailara: But in my lonely room / Tears I don't have to hide / Cause I just lock my door / And let myself go and / Lay right down and cry. Estaba siendo muy feliz, sí, pero ¿dónde estabas tú en ese momento? ¿Haciendo qué y con quién? De todas formas, esa no iba a ser mi última palabra. Ni hablar. Si algo me ha demostrado la música a lo largo de los años es la capacidad de prometer cosas mejores. Y ahí lo tenía frente a mí, construyendo un sólido lazo junto a extraños y amigos, todo en nombre del Club. Así que puse la aguja donde debía y The Style Council nos hizo dar cuenta que debemos seguir intentando. Con la mano golpeando el pecho a la altura del corazón y a voz en cuello, fueron tres minutos perfectos para despedir mi debut como selector y dejar en claro nuestras intenciones. Algo para contar emocionados a nuestros nietos.

Ahora era el turno de Ruffy TNT de México, con más discos alucinantes conseguidos (sin exagerar) a través de sus viajes por toda Sudamérica. Ahora sí podía dedicarme a bailar sin limitaciones ni temor a que la aguja salte. Abracé fuerte a mis amigos y conocí también gente nueva. La fiesta estaba en todo lo alto y ahí estaba Ruffy y su camisa única en el mundo, impidiendo que nos tomemos un respiro, ayudado por las voces y sabor de Los Mínimas, Los Gay Crooners, Rulie Garcia. Luego subió Pibe con más boogaloo del bueno y Tin Soldier poniendo la cereza al pastel con clásicos como "Tighten Up" o la sorpresiva y bienvenida inclusión de "Going Underground". Aprovechamos para repartir los button badges que habíamos hecho una semana antes para la ocasión. Se agotaron y apenas los del club nos hemos quedado con uno para cada uno. Pero lo que cuenta es que todos hayan salido felices. Ha pasado ya una semana y aún nos emociona pensar en la alegría que ayudamos a generar en nuestros invitados. Tanto que siguen aumentando lenta pero firmemente los likes en la página, los comentarios boca a boca, la amistad entre los involucrados y las expectativas por una cuarta fecha que ya estamos preparando, a ser posible el primer sábado de julio. Solo deseamos que se mantenga así: puro y con la música y el baile por encima de todo, alejado de los mercachifles que lamentablemente hay por estos lares, mercantilistas queriendo sacar provecho a la más mínima oportunidad. Así que a preparar tus mejores pasos de baile y alista tus mejores ropajes, que aún hay reductos llenos de vida y salvación en esta ciudad. El Lima Soul Club aspira a ser eso y más. ¡Nos vemos ahí! ♧

Allan Azulbotón
Mantén La Fe

lunes, 25 de abril de 2016

MY FAVORITE - CHRISTINE ZERO / KILLED FOR KICKS: SINTETIZADORES, SAXOFONES Y NOSTALGIA COMO RESISTENCIA


Conformado por amigos de la secundaria Sachem, My Favorite fue un grupo de pop independiente nacido en los suburbios de Long Island a inicio de los noventa. O debería decir "nacido de", pues esas calles, parques, escaleras y casas de extrarradio es el ineludible escenario donde nacen sus imágenes más poderosas y emotivas. Aislamiento adolescente y fiestas ruidosas. Auto-mitologización de cara a una realidad con pocas expectativas. Cine, música y literatura. Promesas de amor/amistad eterna y resignadas despedidas. La universalidad de este imaginario hace que My Favorite conecte con la parte nuestra más pura, la que probaba y veía y escuchaba todo por primera vez. Y nunca luego fue mejor que entonces. Es la parte que estábamos condenados a dejar atrás física más no mentalmente, el fantasma con el que viviríamos de ahora en adelante. Orgullosamente, además.

Esa primera formación llegó a su fin cuando la vocalista se marchó en septiembre del 2005. Los miembros restantes, un par de años después y con una nueva voz femenina, se reunieron bajo el nombre The Secret History. Este sonido art-rock y temática con referentes más rebuscados y oscuros, hizo nacer algunas de sus mejores canciones, repartidas en dos álbumes y un ep cuasi conceptuales. Pero entonces, a comienzos del 2014, volvieron a quedarse sin las voces. Las chicas se van siempre.

Así llegamos al 2015, diez años después de lo que parecía su despedida eterna, viéndolos regresar en lo que autodenominan Segundo Imperio. Aunque tanto guitarrista como baterista decidieron no participar esta vez, aquel sonido primigenio lleno de sintetizadores fantasmales había regresado a los restantes. Una revancha por todos los sueños truncos del pasado, cuando advenedizos y oportunistas con menos talento recibían injustamente mayores reflectores. Cuando erróneamente se les catalogó como parte del revivalismo ochentero del cambio de siglo, ignorando que venían homenajeando sus referentes desde hacía una década. Un ejemplo es el uso del saxo, instrumento que parece reivindicarse desde hace un tiempo en algunos frentes pop (y cada vez con menor gracia). Su sonido ochentero fue, paradójicamente, ignorado por completo dentro de ese revivalismo por los ochenta. No así ellos, los detectives de los suburbios, que supieron rescatarlo antes que nadie mientras todos aún prestaban atención a otros lados.

Desde el fantasmagórico single de regreso en Where It's At Is Where You Are (sello inglés de alto pedigrí popindependiente) a este flamante nuevo siete pulgadas en Death Party (nóvel y enigmática casa estadounidense con apenas tres referencia en su haber, dos de ellas ya descatalogadas) la apuesta de My Favorite es rescatar la caja de ritmos y los sintetizadores, y hacerlos convivir con modestas pinceladas de guitarras cristalinas y saxofones nocturnos, un ánimo evocador que mezcla lo mejor de sus héroes personales (New Order y The Smiths) con historias acerca de hacerse mayor y de seguir bailando, de no olvidar de dónde venimos aunque no sepamos a dónde estamos yendo. De perder la sombra que nos persigue más no los sueños y recuerdos. La nostalgia como resistencia y fuerza creadora de cosas mejores.



Las estrellas miran fijamente hacia abajo
Pero no interceden
Lo mejor que pueden hacer es seguir brillando mientras sangras
Su brillante ojo se volvió negro
Así que te arrastraste hasta el centro comercial con un cuchillo en tu espalda

¿Qué es lo que pasa contigo, chico?

Asesinado por diversión
Te veo frecuentar este pueblo, sí
Pero no te pueden encontrar en ninguna parte
Asesinado por diversión
Un suicidio en reposo, el tuyo
A la espera de sabe dios qué

Eres una sombra
Que se proyecta a sí misma
Plegada entre las páginas y puesta de regreso en el estante
Aquellos veranos siameses
De canciones no cantadas
Oscuramente amanece de tu parte, nunca fuiste joven

¿Qué fue lo que pasó contigo, chico?

Asesinado por diversión
Estás en la disco hasta que amanece, sí
Bailas como si trataras de nacer
Asesinado por diversión
Entre los destellos estroboscópicos, tú
Pasas de Ícaro a Jobe

Oh, no te pierdas
Pues ya estás solo
Ni siquiera hay una palabra para lo que
serías después

Asesinado por diversión
Te veo frecuentar este pueblo, sí
Pero no te pueden encontrar en ninguna parte
Asesinado por diversión
Un suicidio en reposo, el tuyo
A la espera de sabe dios qué

Oh, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny
deberías dar un paseo por tu cuenta
Nadie puede verte llorando en la lluvia

Oh, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny
Dijeron que nunca "caminarías solo"
Porque pensaron que creerías cualquier cosa

Oh, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny
deberías dar un paseo por tu cuenta
Nadie puede verte (corre! corre! corre!) llorando en la lluvia

Oh, Johnny, Johnny, Johnny, Johnny
Escúchame
Dijeron que nunca "caminarías solo"
Porque pensaron que creerías cualquier cosa

My Favorite
Christine Zero / Killed For Kicks 7"
2016, Death Party Records

sábado, 4 de julio de 2015

DOS MILLONES DE VOCES: LA DIVISIÓN NORTE/SUR EN LA MÚSICA DE CALIFORNIA DURANTE LOS AÑOS SESENTA

Realmente me gusta Los Ángeles, en verdad un montón. Una multitud reunida en realidad no tiene mente. Cada persona la tiene de manera individual. Todos ellos tienen mentes atractivas. Por eso, apuesto a que en la mente de una chica de dieciséis hay más filosofía de la que alguna vez soñaste fumándote un cigarrillo entero. Algunas de esas cartas a esas revistas de fans son realmente solitarias y profundas y abiertas. Algunas de las que leí en verdad me golpearon, son realmente abiertas y sinceras.

Jim Morrison, verano de 1968, hablando con Los Angeles Free Press.


Color, estilo y pulcritud.

Una prueba de si un tipo de música o grabación puede resistir el paso del tiempo es cómo suena fuera de los hiperbólicos recuerdos de aquellos que la experimentaron en el momento en que fue creada. Y este criterio es solo uno de tantos en los que las bandas del Sur de California de la década de 1960, centradas principalmente en Los Ángeles, superan a sus contrapartes del Norte de California. Por eso muchas de las grabaciones hechas por bandas como los Byrds, Buffalo Springfield, The Beach Boys, Love, The Doors, The Seeds, Captain Beefheart, The Turtles, Johnny Rivers, The Mamas And The Papas, Ricky Nelson y los Monkees continúan sorprendiendo, sonando frescas y excitantes incluso hoy en día. Aunque puedas escuchar a las personas que vivían en el Norte de California entusiasmados sobre lo increíbles que eran las bandas de San Francisco y el Área de la Bahía (de hecho encontrarás que, mayormente, solo a las personas que estaban allí les entusiasmaba), los contemporáneos de Los Ángeles que vivían en el Norte de California suenan hoy pasados de moda, confundidos y, por último, aburridos. Tiene sentido, porque aunque esos sonidos del Norte de California reforzaban y reflejaban un estilo de vida por entonces floreciente, creando una especie de circuito cerrado, un lazo de retroalimentación, estaban irremediablemente atrapados en el tipo de movimiento comunal hippie que estaba sucediendo en ese momento. Y supongo que todavía hacen alucinar las mentes de los que estaban allí.

Pero ahora suenan relevantes, e incluso realmente no demasiado por entonces, solo en el contexto de la época. Cuando se le extrae del medio en que existieron y prosperaron, el estilo de vida hippie (ese sentido del propósito y movimiento hacia adelante, y desde luego las drogas) suena simplemente aburrido o fastidioso, muerto y enterrado en el momento que nació. Coloca "Anthem Of The Sun" (Grateful Dead) o "Electric Music For The Body And Mind" (Country Joe And The Fish) en tu tocadiscos y aunque es posible escuchar pequeños destellos aquí y allá, en general, apenas si se sostienen cuando se le extraen los fuertes recuerdos de los que estaban allí. De hecho, apestan tan fuertemente a pachuli, a ropa sin lavar, a mentes fritas en ácido y a los últimos espejismos de esa generación de personas inactivas e irresponsables, que tales grabaciones se hunden bajo el peso de su propio significado indigno y de las hinchadas y equivocadas asociaciones de una vida mejor a través de casuchas comunales, químicos y pensamiento grupal. En general la música del Norte de California (siempre hay algunas excepciones como el primer álbum de Moby Grapes, Creedence Clearwater Revival y los Beau Brummels) se hundió por debajo de su fallida promesa y virtuosa autopretensión.

Es extraño, además, porque también las bandas de Los Ángeles tienden a evocar un tiempo y un lugar propios, pero al igual que las ilusiones creadas por Hollywood, la magia parece no estar centrada en ninguna realidad fija que existiera entonces ni ahora. En lugar de solo evocar un solo momento y lugar, inspira nuevas fantasías y nuevos mundos. Es un lugar en tu cabeza y tu corazón, y está siempre fresco cuando lo revisitas, un lugar de bienvenida para todos, sin importar la edad. El Los Ángeles de mi mente es un hermoso lugar besado por el sol donde los surfistas abiertos al ácido y la hierba escriben canciones acerca de sus chicas ahogándose a la luz de la luna, perdiéndose, cortando su largos cabellos o llegando en colores. Es una música que mezclaba Kurt Weil con rhythm and blues, surf music, el Tijuana Brass de Herb Alpert, Pop Art, ocultismo, avant-garde y las películas de Hollywood, incluso Johnny Mathis y daba como resultado algunos híbridos increíblemente potentes. Puedo oír las olas rompiendo en el fondo, los días soleados, las noches frescas, las colinas de Hollywood llendas de niños inocentes prestos a experimentar con la vida y nuevas sensibilidades, con el cabello crecido al estilo de los Byrds/Brian Jones con rayitos solares, usando un poco de gamuza y montones de corduroy, todos atrapados en la cultura POP; autocinemas, motos, escúteres, coches personalizados por Big Daddy Roth, historietas de Marvel, estrellas de cine, y un porro o dos. Haciéndolo en Sunset Strip, persiguiendo a todas las piernas hermosas.


Desaliño, escapismo y autoindulgencia.

Cierro mis ojos mientras escucho a la 5th Dimension y veo a los Byrds tocando en la fiesta de cumpleaños de Peter Fonda; Sal Mineo, Jack Nicholson y Dennis Hopper mezclándose amigablemente con las nuevas estrellas del pop de Los Ángeles. Escucho a Johnny Rivers y puedo ver a Steve McQueen garabateando notas para el álbum de Johnny después de bailar el frug con su banda en el Whiskey a Go-Go. Oigo "River Deep, Mountain High" y puedo imaginar a Phil Spector como un retorcido enano del mal, mirando tras sus gafas de sol mientras exprime cada último trocito de emoción de una Tina Turner en sostén. Todo el mundo en lo alto de su propio potencial, grandes ideas, grandes planes. Todos en su propio viaje, tratando de poner en orden sus propias cabezas, tratando de realizar sus propios sueños. Es ese Individualismo Norteamericano, el espíritu pionero, el destino manifiesto que alcanzó al final del continente. Y justo al lado, por debajo tal vez, está la atracción oculta y oscura, el lado sórdido, los terrores del abismo, y el ilimitado potencial de cada cosa; el subconsciente mental tan acertadamente representado por las profundidades del propio Océano Pacífico. El West Coast del mal y de la gloria centrado en Los Ángeles, la ciudad de las ilusiones, y de los sueños rotos que de la que Raymond Chandler y Nathanael West escribieron tan elegantemente, y la "tristeza del fin de la tierra, la alegría del fin del mundo" inmortalizada por Kerouac. Todas esas personas de Los Ángeles; los muchachos, las bandas, los escritores, los técnicos y las estrellas parecen compartir estas intuiciones y contradicciones y sabían que era mejor no aproximarse a ellas de manera condescendiente.

Las bandas de Los Ángeles eran mucho más limpias que sus contrapartes del Norte de California, en todos los sentidos; en su modo de vida, estilísticamente, en la forma de vestir, en la presentación, y en el sonido. Se las siente más saludables. Todas las supuestas críticas a las bandas de Los Ángeles son en realidad sus mejores atributos y ventajas: la plasticidad, profesionalidad, la noción de los negocios, la dependencia de la tecnología y los estudios de grabación, abasteciendo a los teenyboppers (adolescentes, especialmente chicas, que siguen con agudeza la última moda en ropa y música pop), mostrando el show business en sus raíces. Todo esto, cuando se ve en la claridad de la luz del presente, son puntos fuertes. ¡Y una gran parte de las razones por la que esos discos todavía suenan increíbles en la actualidad! En resumen, no se extraviaron creyéndose la gran cagada, sacrificados a una petulancia santurrona. En vez de ello, se abrieron a todo el mundo y asimilaron una gran cantidad de influencias a un ritmo increíblemente rápido y si en el proceso se facturaba un dólar, bueno, seamos honestos, es agradable para vivir cómodamente. Te veré en la piscina en otro hermoso día en Los Ángeles; compartiremos un pitillo y con una lluvia de ideas planearemos nuestra próxima película, nuestro próximo LP o single.


Concisión, show-biz y espíritu popular.

Se trataba de música pop, cultura popular mezclada con vanguardia experimental, por lo que la experimentación aún mantenía la vista en cosas como la brevedad, el ingenio, los ganchos, el estilo, el empaquetado y la presentación. Ser de Los Ángeles implicaba también heredar una rareza auténtica iniciada por bichos excéntricos de Hollywoos como Orson Welles, Robert Mitchum, Marlon Brando, Monty Clift y James Dean.

Y así tenemos a estas bandas de Los Ángeles de la década de 1960, flotando en contradicciones, y simplemente abrazándolas o aceptándolas; los plástico y lo genuino, el comercio y el arte, lo experimental y lo comercial, lo blanco y lo negro, el alma y la explotación, la belleza y la fealdad, el sexo y el amor. Y, naturalmente, la música resultante es adorable, tan de su tiempo como eterna, de una época fuera del tiempo real y tan inmortalmente fresca.

William Crain
[Publicado originalmente en Tangents en noviembre de 2005]

domingo, 14 de junio de 2015

DOS MILLONES DE VOCES: BOB STANLEY Y LOS SINGLES DE SIETE PULGADAS

Bob Stanley explica por qué gastaría £100 en una canción que odia, sólo para conseguir el formato táctil más hermoso: el single en vinilo de 45 rpm.

El single de 45 rpm, la negra y dura pieza central de la revolución adolescente, cumple sesenta años el próximo martes. Algunos pueden argumentar que su ascenso y caída releja la edad de oro del pop. Echar un vistazo a un single de 1957 del sello London, con las letras de oro, o a los ángulos y manchas DIY de un lanzamiento de 1979 de Rough Trade puede aumentar el pulso, causar sentimientos de nostalgia, orgullo, envidia. El 45 es fácil de amar. Hay más de ellos en las tiendas que los que había hace diez años, sin embargo es difícil pensar en los 45s del siglo veintiuno como algo más que una novedad, una concesión a la pretensión del indie kid que es irrelevante para la mayoría de los consumidores de música.

Cinco décadas atrás fue, sin duda, fundamental para el estilo de vida adolescente. Podías hablar de discos antes del colegio, entre las clases, durante el almuerzo. Después de la escuela, los únicos lugares donde podías escuchar rock'n'roll eran los bares de café. La máquina de discos en la esquina contenía los 45s de Gene Vincent y Chuck Berry que ansiabas, las grabaciones que no se te permitía tocar en los nuevos y caros radiogramas de tus padres (te quedabas con el gramófono a cuerda de 78 rpm si tenías suerte) Unos pocos años más tarde y podías hacerte de un Dansette con un eje para apilar tus 45s, el único modo de proveer un sountrack a tu fiesta de dieciséis.

Llegada la era punk, los 45s estuvieron de lado de la siguiente generación de los suburbios, en un formato R'n'R de regreso a los orígenes, que destrozaba lo progresivo y era demasiado feroz para sonar en la radio. En los 80 estaban los singles de los Smiths, tan perfectamente empaquetados, tan estéticamente deseables en comparación a la música favorita de entonces (Brothers In Arms de Dire Straits en disco compacto) Cuando Mr. Vain de Culture Beat la rompió y llegó al número 1 sin ningún soporte de siete pulgadas en 1993, la época dorada de los 45s llegó a su fin. Los años siguientes fueron un periodo de transición en que el francamente feo CD-Single y el "cassingle" mandaban antes de los albores del nuevo siglo, e Internet finalmente confinó el 45 a un lindo estado de reliquia.

En 1949, RCA Victor no pensaba en alimentar a chicos hambrientos de vinilo, o en cómo Mr. Vain eventualmente arruinaría la fiesta. Todo lo que pensaba era en cómo contrarrestar el nuevo vinilo de 33 rpm del sello Columbia, lanzado a mediados de 1948, con un distinto formato y diferente maquinaria. Los tocadiscos de 45 de RCA se conectaban en la parte trasera de tu radio, con gusto y pocos medios, pero necesitabas una máquina aparte para tocar tus álbumes, un estado de las cosas que duró un par de años antes de que RCA y Columbia decidieran compartir sus tecnologías.

El primer single de todos fue una grabación country hecha por Eddy Arnold llamada Texarkana Baby. Arnold era manejado por el Coronel Tom Parker, quien vio a otro de sus clientes, Elvis Presley, firmar para RCA Victor en 1956. Texarkana Baby fue prensado en un poco común vinilo verde; RCA pensó que, en la guerra de los formatos, necesitaban una novedad, y por eso prensaron música country en vinilo verde, música infantil en amarillo, clásica en rojo, y música de "raza" (rhythm and blues) en "cereza", o lo que parecía naranja para el americano promedio. El pop genérico era lanzado en negro genérico.

En su comunicado de prensa RCA describió el 45 como "la mejor grabación jamás hecha" y aseguró que "más de 150 singles o 18 sinfonías caben en el espacio de un pie longitud en la estantería", lo que parece una absoluta mentira. En Gran Betaña, de algún modo por detrás de los EE.UU., el single no se introdujo hasta noviembre de 1952, cuando EMI lanzó un puñado de 45s de música clásica en rojo oscuro de aspecto deseable bajo el sello HMV. El mismo mes, la New Musical Express lanzó el Hit Parade de los singles más vendidos, todos los cuales eran a 78 rpm. EMI muy rápidamente se dio cuenta que el tiempo de reproducción de tres o cuatro minutos era mucho más adecuado para el pop que para la música clásica y en marzo de 1953 HMV, Columbia, Parlophone y MGM lanzaron, respectivamente, I'm Yours de Eddie Fisher, Blue Tango de Ray Martin, Out Of The Gallion de Humphrey Lyttelton, y A Couple Of Swell de Judy Garland y Mickey Rooney como sus pistoletazos de salida. A finales del año, EMI había lanzado cerca de 300 títulos y las materias primas para una revolución vinieron juntas.

Según su panfleto promocional, RCA había descubierto "el artefacto que la escuela ama" ya en noviembre de 1949 ("pequeños y atractivos discos que pueden deslizar en sus bolsillos, van a por el precio más bajo a la nueva velocidad, van por el pequeño disco que encaje en el estante al lado de sus novelas de bolsillo"). La desechabilidad del 45 portátil se reflejó en la funda de papel delgado y la falta de vistosidad del arte de portada que acompañaba al álbum. La apariencia y el sentir de las casas disqueras por lo tanto se convirtieron en un código adolescente secreto, y ciertos sellos pertenecían a ciertos grupos. Los Beatles tenían la etiqueta negra de Parlophone con su logo de libras (¿para significar que fueron acuñados?); los Kinks estaban en la adecuadamente visionaria etiqueta rosada de Pye; los Rolling Stones eran los reyes de la etiqueta azul oscuro de Decca, con su curioso logo de una oreja gigante, alojada en una funda de rayas naranjas y blancas. Las etiquetas "A" rojas en EMI de las copias promocionales de mediados de los sesenta eran verdaderas obras de arte popular, muy apreciadas por entonces y ahora por los snobs del pop.

Llevado por la necesidad del músico de rock de "extenderse", y por el aumento de grupos de solo álbumes como Led Zeppelin, el single fue más bien marginado en los años 70. Su segunda llegada estuvo inspirada por el punk, no solo porque llevó a la música que se degusta de un bocado a ponerse de moda otra vez y rechazó las sinfonías de rock lideradas por el melotrón, sino porque revitalizó el aspecto de los 45s. Para 1976 casi todo el mundo en el pop se había vuelto perezoso. El Glam era un recuerdo que se desvanecía, las listas estaban atascadas con novedades (The Wurzels, Demis Roussos) y country eficiente de la talla de Billie Jo Spears y JJ Barrie. De hecho, incluso los compradores de discos se volvieron descuidados (¿de qué otra manera explicar que un single country de una banda holandesa, el tedioso Mississippi de las Pussycat, pasara un mes en el número uno? Difícilmente podrías culpar a las discográficas por empaquetar estas tonterías con las más básicas y feas etiquetas de plástico y pegarlas a simples bolsas blancas. Hasta Anarchy In The UK, publicado en diciembre de 1976, vino en una ramplona funda de papel.

Si los nuevos sellos independientes de punk querían destacar, entonces, la solución era simple: Stiff lanzó New Rose de los Damned, New Hormones publicó el Spiral Scratch EP de los Buzzcocks, y ambos vinieron en fundas con imágenes. Contrarrestando a los indies con retraso, la discográfica grande Elektra puso en la calle My Best Friend's Girl de los Cars en un vinilo con la imagen de un carro y obtuvo un éxito en el número 3. El público se volvió loco por los 45, comprando más en 1978 que en cualquier otro año; antes de fin año, incluso Mary's Boy Child de Boney M tenía ventas por anticipado de medio millón y sigue siendo el décimo single jamás vendido del Reino Unido.

Posiblemente los compradores de discos estaban hipnotizados por los vinilos de colores giratorios que se introdujeron en Top Of The Pops. Estos, se supo recientemente, fueron robados por Maggie Philbin de Swap Shop cuando los créditos iniciales cambiaron, y acaban de ser vendidos en eBay. Yo hubiera duplicado el precio, fuera cual fuese.

Eso es porque para los coleccionistas obsesivos como yo, los 45 siguen siendo el formato pop y conservan su encanto en una era en que los formatos pop están acabados. Escuchar Day And Night de Kid Cudi en Spotify simplemente no me ofrece la emoción de sacar el disco de la funda, colocarlo en el plato y guiar el brazo a lo que RCA Victor llamó el "microsurco". Buscar en internet 45s contemporáneos de pop de, digamos, Girls Aloud o las Sugababes, es una experiencia miserable; el hecho de que Push The Button y The Show nunca fueran publicados como 45s lo encuentro profundamente triste. Me encantaría mucho archivar Push The Button junto a You Send Me de Sam Cooke, I Love Your Smile de Shanice y You're So Good To Me de los Beach Boys (45s para adaptarse a los primeros brotes de la primavera) Sabiendo que no puedo, y que Push The Button solo fue lanzado digitalmente, me pone al borde de un ataque de pánico.

Si tuviera menos de treinta años, en sintonía con los CD, luego Napster, luego Spotify, probablemente no me importaría. Y, sin embargo, me siento rodeado de cajones de Schweppes llenos de redundantes 45s que ahora están apenas a un instantáneo click de distancia. Todavía busco raros pressings de antiguos 45s, que fueron fácilmente superados en ventas por los 78s, y los del cambio al siglo 21, que solo fueron prensados para el envejecimiento de máquinas de discos de vinilo. El resultado de esta manía es una lista de deseos de 45 que incluye How Much Is That Doggie In The Window de Lita Roza (que hasta la cantante odia), por el que con gusto gastaría buen billete.

No creo estar solo en mi enfermedad. Los sellos principales podrían desperdiciar un ardid no lanzando en 45 todo lo que alcanza el Top 10. Podrían ser ediciones limitadas, tal vez incluso con dibujos de carros, con forma de Rolex, de muñeca. O tal vez no. Thomas Edison continuó haciendo cilindros de cera, para un mercado cada vez más reducido, hasta su muerte en 1931, porque se negó a creer que el formato moriría. Así que, por el bien de la cordura, te concederé que los 45s son un producto de una época pasada, hermosos y deseables como son. El corazón de una revolución cultural, sin embargo, sobrevivirá en la memoria colectiva como algo más que simplemente las tabaqueras de la mitad del siglo veinte.

[Publicado originalmente en The Guardian el 27 de marzo de 2009]

viernes, 5 de junio de 2015

INVIERNO: SOÑANDO QUE MAÑANA NO SEA IGUAL

Medio año ha pasado y el frío por fin se deja notar aquí donde vivimos. Las cosas no han cambiado mucho realmente. Seguimos yendo a trabajar los sábados, aún tenemos la sangre hirviendo, todavía necesitamos pop ruidoso y soul lleno de vida que nos salve del marasmo diario. Los ideales, eso sí, están intactos. Pero esta llovizna a media tarde... estos anocheceres prematuros... los porqués en el fondo del café, bajan nuestras revoluciones y entonces necesitamos descansar un poco. Para momentos como esos, y para todos los que quieras, te dejamos cuatro proyectos musicales alojados en bandcamp que nos acompañan desde que empezamos a sacar ropa algo más gruesa del ropero otra vez. Que se trate, casi por completo, de voces femeninas es una coincidencia muy feliz. Y muy cálida.

OCTAVIA DE CÁDIZ - NO IMPORTA

Siento vulnerabilidad en su manera tímida y sencilla de rasgar una guitarra, susurrando letras íntimas pero directas, como temiendo despertar a todos en casa con sus canciones. Porque las publica, además, cada dos años y siempre bajo ese nombre robado de un libro que ya conoces, junto a una lámina escolar. Esta nula exposición, cosa rara en nuestra ciudad, hace que su tristeza y fragilidad no parezca algo impostado. ¿Quién es ella y por qué sentimos que necesita seguir protegiéndose así? Hasta que lo sepamos, solo escúchala.


MERCURY GIRLS - DEMOS

Este cuarteto de jangle pop de Filadelfia poco a poco se está haciendo de un nombre en el circuito de bares y conciertos de Nueva York simpatizantes con el pop independiente de los primeros años noventa. Con apenas doce meses de formados y sin tener aún nada grabado oficialmente ya han sido parte del NYC Popfest de este año, celebrado hace unos días. Basta notar el inspirador "A Day For Destroying Things" en su página de facebook y bandcamp para saber por dónde van los tiros. Lluvia cristalina bajo la cual bailar feliz por apenas dos minutos. Así de efímera es la belleza. Pero para eso se inventó el repeat.


COSAS QUE HACEN BUM! - TOMANDO LA HABITACIÓN

Confieso que, durante meses, tuve la actitud snob de mantenerlos en secreto, cuando di con ellos leyendo por aquí y por allá acerca de uno de mis libros preferidos. Y no me arrepiento. Pero el autor de Cosas Que Hacen Bum! hace poco hizo pública la felicidad que le provoca que una banda pop se haya bautizado igual que una de sus novelas. Así que aquí están ellos, cinco granadinos artesanos de la canción, sonando tanto a mediterráneo como a cuatro paredes. Soñando, inútilmente, que nos devuelvan todo.


NELEONARD - CASI CUELA

Las tres referencias anteriores tienen opción a libre descarga pero no ésta. Será que se trata de un lanzamiento oficial bajo una discográfica ya consolidada. Sea como fuere, tras un par de vueltas ya había decidido que una copia de este bonito siete pulgadas color blanco cruzara el charco. Porque a pesar de compartir la misma sobriedad y un sonido alineado a referentes ya conocidos como el chamber pop y el donosti, ambas caras son al mismo tiempo diferentes en su espíritu. Mi favorita, la que da nombre al single, sorprende por cómo fluye sin esfuerzo del ánimo festivo con que empieza hasta llegar a una pena difícil de explicar. Cuando una de las dos chicas de este sexteto canta con dulzura "y si vuelves junto a mí / prometo hacerlo bien" juro que me quedo en pause casi sin darme cuenta. Es como un imán. Y el momento más descorazonador que he escuchado en un disco en lo que va del año. Ojalá pronto llegue a casa. Nada me gustaría más que tener su blanca palidez cerca a mí.

lunes, 25 de mayo de 2015

GARNET MIMMS - LOOKING FOR YOU (1965)



Buscándote, en todas partes
Extraño el roce de tus dedos
La llama ardiente de tus dulces labios
¿Cómo puedo seguir así?
Nena, te necesito

Buscándote, en todas partes
Desde el día en que me dejaste
solo encuentro solitarios recuerdos
Y pienso en cómo solía ser
Nena, te necesito

Me detengo en los lugares a los que solíamos ir
Pregunto si te han visto y nadie lo sabe
Te busco por la calle, arriba y abajo
Nena, te necesito

Por eso estoy
buscándote, en todas partes

Hay un dolor dentro de mí
porque te necesito tan desesperadamente
Quiero más que recuerdos
Nena, te necesito

Por eso estoy
buscándote, en todas partes

Garnet Mimms
United Artists, 1965

viernes, 22 de mayo de 2015

MEMORIAS SÓNICAS: HISTORIAS EN SIETE PULGADAS (2013)

"El entusiasmo y la pasión son un tipo de naturaleza que tiende a crear cosas hermosas, o a explicarlas de una manera muy intensa y muy sincera. Me interesa muchísimo más un tío hablándome de hípica, emocionado, que un patán hablándome de los Who, sin ninguna emoción y recitando clichés."


Con las excepciones de honor, cada vez me tomo menos en serio cierta crítica musical. Y no porque no me guste leerla (¿a quién no le gusta echarse unas risas?), sino porque no me identifico con ella mucho que digamos. Su falta de personalidad hace que textos y firmantes sean intercambiables entre sí. Basta echar un vistazo a la sección musical de nuestro diario decano o al portal de actualidad de tu preferencia para identificar algunas de sus taras: ¿por qué debería bastarme la retahíla de influencias que mencionan (quizá copiada de alguna crítica extranjera, quizá porque hicieron bien la tarea) para hacerles caso y escuchar el disco que recomiendan, si esas mismas influencias se encuentran en cientos de otras bandas contemporáneas a la que reseñan? ¿Dónde está lo nuevo, si lo hay, o por lo menos lo que hace la diferencia? ¿Y ese afán de no quedar mal con nadie? ¿Y qué tiene que ver conmigo (y con muchísima otra gente, faltaba más) que un disco sea "seminal" o "importante"? ¿Discos básicos en la colección? ¿Por qué nuestras colecciones deben basarse en riffs calcados, letras impersonales o sinfonías rock con cero emoción y mucha pasividad?

Tampoco quiero alinearme en el bando contrario, el de la prosa de bloguerismo auto-indulgente y pueril, ese que solo se mira al ombligo y celebra cosas que no importan absolutamente a nadie, limitándose a enumerar sin contexto que valga la pena (los consabidos "oh, qué triste estoy", "soy tan único y especial", etc.). Solo digo que si hablamos de objetos emocionales, ¿no podemos mostrar también un poco de emoción siquiera? Sé muy bien que hay otras tantas personas que prefieren las enciclopedias, las "historias del rock", las líneas de tiempo con principio y fin que nunca se superponen, las marcas de instrumentos y el escándalo. El problema es que ambos enfoques no coexisten y parece haber solo una manera aceptable de escribir sobre música (similar a como hablaríamos de medicinas, por ejemplo), que no permite alterar el canon y su pedestal de dudosas vacas sagradas. Y quien rompe con ello es tildado de poco riguroso, polémico, fanático o fanzinero.

Felizmente de un tiempo a esta parte la balanza parece haberse movido un poco a favor de los que buscamos experiencias más cercanas a nuestra condición de fan, en lugar de la mera acumulación de información y datos (importantes, siquiera para repetirlos en bares y comentarios de facebook) Como antecedente ahí están las vívidas crónicas de Lester Bangs y el imprescindible Awopbopaloobop Alopbamboom, vigente a pesar de haber sido escrito en 1969 por un Nik Cohn de apenas veintidós años. En los últimos tiempos se han sumado, entre otros y con resultados variables, el breve pero intenso Cosas Que Empiezan Por O de Kevin Pearce (uno de nuestros libros favoritos), Giles Smith y su entrañable Lost In Music, y el divertido e iconoclasta Mil Violines de Kiko Amat (a quien pertenece la cita al inicio de este comentario) A tan digna lista sumamos ahora Memorias Sónicas: Historias En Siete Pulgadas, publicado por Contra, casa editorial que ha sabido balancear ambas maneras de enfocar nuestras canciones y bandas más queridas con cada una de sus publicaciones (la traducción al español de Lost In Music también fue editada por ellos)

Nacido por iniciativa de Ramón Rodríguez, voz y compositor principal de una banda tan necesaria como The New Raemon (hace unos meses lanzaron uno de los mejores LPs en lo que va del año), estamos ante un libro coral en el que participan veintitrés músicos españoles contemporáneos, contándonos acerca de sus discos más especiales. El resultado es más que estimulante. Y variado, dada la heterogeneidad de los álbumes seleccionados. Quién imaginaría, por ejemplo, que la cantante folk María Rodés ansiaba ser una Spice Girl junto a sus amigas de primaria. O que nuestro bienamado Refree, aquel orfebre de pop costumbrista y exquisito, defiende el Appetite For Destruction de Guns N' Roses con la misma capa y espada que tenía a los once años, cuando lo escuchó por primera vez. Los estilos elegidos al momento de echar a volar las palabras también son diversos, y por lo mismo no siempre muy logrados. Especialmente cuando se recurre a cierto aire onírico o de pretensiones poéticas, como lo hace la insoportable Maika Makovski con el Everybody's In Show-Biz de los Kinks y Javi Vega (de Maga) en el Pink Moon de Drake. Tampoco logran despegar aquellos que se conforman con describir y defender canción por canción; una pena innecesaria en el caso de El Último De La Fila, pues no hace falta que nadie nos convenza de lo grande que es Enemigos De Lo Ajeno. También se opta por construir conversaciones cotidianas donde el disco es apenas la música de fondo (Initials B.B. de Gainsbourg), o pequeñas ficciones con las canciones dirigiendo el accionar de los personajes (la sexual y casi inverosímil Live From A Shark Cage de Papa M). Hay hasta ejercicios de desdoblamiento, como el practicado por Ricardo Vicente (ex Tachenko y La Costa Brava) para el primer LP de The Band.

Los mejores resultados, sin embargo, llegan de la mano de los recuerdos de la adolescencia, o de cómo esta música, estos discos, sirvieron para hacer amistades eternas, conocer mejor a nuestros seres queridos o empezar a componer canciones propias. Casos como el de Ramón Rodríguez, cuyo amor por Sunny Day Real State le ha llevado no solo a conocer a sus músicos favoritos sino a convivir y tocar en directo con ellos, están narrados con tanta lealtad... O tanto respeto y cariño familiar, como el mostrado por Ricky Lavado (Standstill) cuando escucha el enorme Mediterráneo de Serrat junto a su hermano ("yo cuando canto esa canción no imito a Serrat, imito a mi padre") Aquí es donde el libro alcanza las cotas más altas y su razón de ser. Entre todos ellos, mis favoritos son dos textos muy diferentes en comparación pero escritos con sabiduría, nervio y gracia: Juan & Junior, por Francisco Nixon; y The People Who Grinned Themselves To Death de los Housemartins, por Nacho Vegas. Al primero le basta apenas tres historias mínimas y cotidianas para demostrar el gran ser humano que fue Sergio Algora durante los pocos años de vida que estuvo entre sus amigos, dándolo todo de sí antes que un paro cardiorespiratorio lo volviera eterno. Cero sensiblería y sí mucha belleza. Respecto al segundo, es un puñetazo a las pretensiones de dos generaciones, la movida ochentera y el indie noventero español, que no quisieron inmiscuirse demasiado (sobre todo ésta última) en los problemas reales de su propio entorno. A diferencia de sus modelos foráneos, que con mucha magia popera y letras comprometidas (más no panfletarias) le cantaban más de una verdad a toda la clase dirigente. La (auto)crítica de Nacho Vegas es realmente como para ponerse de pie y, si eres músico, hacer algo al respecto (demás está decir que te hará pensar en lo vivido y escuchado de un tiempo a esta parte por estos lares)

Tenemos aquí veintitrés memorias (ilustradas por el mismo Ramón) que no se agotan con una primera lectura, no solo por la frescura y calidad literaria que puedas encontrar, sino también por ese name-dropping que tanto nos gusta. O más bien veinticuatro, si consideramos (y debemos) el prólogo de Miqui Otero, elegantísimo caballero a quien admiramos sin rubor por sus conocimientos y la gracia y entusiasmo con que los transmite. En todas, todas estas historias, hay por lo menos una frase sugerente que pinta de cuerpo entero a los que tratamos con material emocional intenso como los discos y, en general, con todo este asunto de la música en sus diferentes frentes (grupos, mixtapes, coleccionismo, viajes, amor) Por eso a veces me pregunto por qué hay gente que busca evitar esta clase de conexión entre canciones y personas, recuerdos o lugares. Pobres. Creen que están poniéndose a salvo, que están siendo listos evitando futuros arrepentimientos, cuando en realidad solo se niegan a enriquecer sus emociones. Quizá deberían dedicarse a coleccionar estampitas. Ya lo dicen en alguna parte de este libro: "tienes que ser imbécil para huir de la belleza como un prófugo de la sensibilidad".


Memorias Sónicas: Historias En Siete Pulgadas
Contra Ediciones, 2013
276 páginas, rústica

lunes, 18 de mayo de 2015

ALICE CLARK - I KEEP IT HID (1972)



En lo más profundo de mí
sé que todavía lo amo
Pero él nunca lo sabrá
porque yo nunca lo diré
O confiaré
que estoy pensando en él
Y deseando poder
caminar hasta él y decir:

"Cariño, ¿qué has estado haciendo?
Todavía te amo como antes
Ya sabes
Nada va a cambiarlo
"
Pero siendo como soy
Lo ocultaré

Últimamente he visto
la mirada en sus ojos
Se me rompe el corazón
Me necesita tanto
para que lo deje en paz
en este momento
¿Por qué no puedo caminar
hasta aquel viejo muchacho?
Y decir:

"Cariño, ¿qué has estado haciendo?
Yo sigo amándote como antes
¿No sabes
que nada va a cambiarlo?
"
Siendo como soy
Lo ocultaré

Tal vez algún día
Renunciaré a mi estúpido orgullo
No es nada bueno
verlo morir de esa manera
porque por dentro es el mismo chico
¿Por qué no puedo?, ¿por qué no puedo
caminar hasta
aquel viejo muchacho?
Y decir:

"Cariño, ¿qué has estado haciendo?
¿No sabes que sigo amándote como antes?
Oh, dios, sabes que nada va a cambiarlo
"
Siendo como soy
Lo ocultaré

Siendo como soy, sí
Lo guardo muy, muy dentro de mí

Alice Clark
Mainstream Records, 1972

jueves, 14 de mayo de 2015

TORO Y MOI - WHAT FOR? (2015)

Acercarse a los treinta no solo es tardar más en sobreponerse a las resacas o ver cómo tu línea capilar se va replegando con los años. ¿Qué estabas haciendo tú a los 28? Y, sobre todo, ¿qué pensabas? Chazwick Bundick parece haber llegado a esa edad en la que vuelves a recordar el colegio, los primeros conciertos como espectador, la simpleza de escapar un fin de semana al campo. Y es que desde los 22 años, poco tiempo antes de graduarse como diseñador gráfico, ha ido formando parte cada vez más de la electrónica independiente de primera línea, a tal punto que se le considera (junto a Neon Idian o su compañero de clases Washed Out) como responsable principal de la chillwave. Toro Y Moi, su proyecto unipersonal, nació como música electrónica generada por software de computadora casera a la que también añadía sampleos. Si uno revisa las fotos o vídeos de aquellas presentaciones tempranas encontrará a un chiquillo reproduciendo su música en vivo tal y como la había creado en su habitación: a solas rodeado de varios teclados y una PC. De ahí en adelante: giras, promoción en radio, entrevistas, festivales y toda actividad consecuencia de editar discos a los que muchos fans y portales especializados prestan atención. También fue sumando colaboradores en directo hasta conformar la banda que ahora le sirve de apoyo. Y con ellos ha terminado de dar forma a este cuarto disco.

El cambio es notorio. Bundick había trabajado en cada LP con nuevos sonidos (para él, claro), adaptando estilos diversos, pero la base seguía siendo netamente electrónica. Ahora, desde el saque, las composiciones parten de guitarra, bajo y batería. Un esfuerzo integral de banda que a primera vista podría parecer un cambio drástico en su dinámica de trabajo pero que no lo es tanto si consideramos que ya en sus primeras grabaciones (algunas de ellas disponibles en la compilación June 2009) el músico de Carolina del Sur hace nacer sus canciones sampleando instrumentos tradicionales mientras toca la guitarra. Por eso decíamos al comienzo que parece echar de menos aquellos primeros años de formación y experimentación musical. El resultado es su álbum más retro, algo que en él ya es bastante decir, con aproximaciones a géneros setenteros como el soft rock menos convencional (el Something/Anything? de Todd Rundgren, por ejemplo) y el soul más espacial (Shuggie Otis, o aquellos momentos más plácidos del Light Of Worlds de Kool And The Gang como Summer Madness y You Don't Have To Change) Y acomete toda esta nostalgia con lo aprendido hasta la actualidad: sigue siendo Toro Y Moi.

Si los treinta y seis minutos de What For? se disfrutan de un tirón es por la importancia que la melodía tiene en sus diez canciones. Cortes pop a la manera tradicional, lleno de ganchos reconocibles y estribillos. Empty Nesters fue el primer adelanto y es ya para nosotros fuerte candidata a mejor single del 2015. ¡Qué canción para más encantadora! Con una estructura basada en guitarras y sintetizadores, y un ánimo tan evocador que hasta cita a Weezer en la letra ("No hay nadie que destruya tu suéter") Curiosamente, es esa misma nostalgia ya no musical sino temática el principal problema del disco. No solo en título sino ya desde el comienzo del álbum, un sonido de motor en marcha que va ralentizándose, podemos advertir cierto escapismo emocional. Pero Bundick duda entre preocuparse del futuro o seguir añorando sus recuerdos y parece optar por no comprometerse demasiado con nada y nadie, solo vivir el instante y dejar que cada quien interprete a su manera unas letras por ratos demasiado vagas. Esta falta de compromiso resta peso emocional a lo que escuchamos. No es música superficial, desde luego, pero sí de una levedad que si llega a buen puerto es solo por el oficio, competencia y frescura de la banda y el propio Bundick. Un ejemplo muy claro es la bailable Spell It Out, adicitva en su toque constante de guitarra y falsetos en las voces pero con una letra que fracasa en su intento de profundidad debido a preguntas cada una más pueril que la otra.

Aún así, los momentos disfrutables son muchos más. En What you want, el primer corte, la confusión emocional se percibe como sincera ("sé paciente conmigo, no soy bueno manteniéndome al día") en sintonía con la banda. La ya mencionada Empty Nesters es encantadora no solo en su divertido clip promocional sino en su espíritu exultante lleno de vida ("whooo") y tarareos irresistibles. Y nunca antes Toro y Moi habían sonado tan llenos de soul como en The Flight y Lilly. Sobre todo en la segunda, ideal para cerrar los ojos y abandonarse por completo a este arrullo espacial con algo de desazón ("Ella es la única que él conoce, el resto de su cuerpo viéndola partir / Cada día es como este, ninguno lleva a ninguna parte") Half Dome, Run Baby Run y Yeah Right, las tres últimas canciones, ayudan a inclinar la balanza a favor del álbum. No solo en sus sonidos más evocadores y acogedores sino en la esperanza que estos transmiten. La promesa de que todo va a estar bien. "Tienes tantas cosas que hacer / Duerme mientras puedas / No puedo esperar a tomar otra decisión / Tal vez sabremos lo que queremos para entonces".

What For?
Toro Y Moi, 2015
Carpark Records

domingo, 3 de mayo de 2015

LIONEL SHRIVER - BIG BROTHER (2013)

Big Brother es, en la superficie, una novela acerca de cómo la comida se convierte para muchos en un insano sustitutivo de la felicidad a falta de experiencias gratificantes e imperecederas dentro de una sociedad cada vez más alienada ante el éxito y la perfección corporal. En un nivel más profundo, describe con gran inteligencia y humor la relación que se construye a través de los años entre miembros de una familia consanguínea y política. Demostrando así que "familia" y "seres queridos" no significan siempre lo mismo. Nos habla, además, del desgaste emocional que suele significar asumir a los nuestros en tiempos difíciles. O no. Porque es un juego de posibilidades, también, cuyas consecuencias no siempre estamos dispuestos a asumir.

Edison en un pianista de jazz neoyorquino caído en desgracia que visita a su hermana Pandora en un condado campestre de Iowa. No se han visto en cinco años y el shock no puede ser mayor: Edison ha añadido 101 kilos más a los 73 con los que ella lo recordaba y no tiene intenciones de dejar de comer. Para mayor problema Fletcher, su cuñado, es un nazi de la alimentación saludable. Llega un punto en el que Pandora, ante el ultimatum de su esposo, debe decidir con quién quedarse. Y ella elige a su hermano. Porque siente que la necesita más, porque está harta del éxito descomunal pero vacío de su empresa de muñecos personalizados parlantes, porque siempre se sintió inferior. Porque ambos aprendieron a cuidarse mutuamente desde niños. Especialmente desde la muerte de su madre y desde que empezaron a compararse con los hijos que su padre, un actor decrépito y ridículo, tenía en una serie de televisión de los años setenta que ya nadie recuerda. Luego de un patético incidente en el inodoro, Edison acepta el compromiso que le propone su hermana y juntos, durante un año, se imponen un régimen alimentario y de convivencia con el propósito de volver a su peso anterior. A Pandora esto sirve también para saber cómo Edison ha llegado a tal punto luego de tener una auspiciosa carrera en el jazz y darse cuenta que, más allá del resentimiento a su padre, una niñez particularmente apagada y la idealización del ser querido, su hermano es realmente un desconocido para ella.

La historia nace de una experiencia similar que sufrió la autora el 2009, cuando su hermano falleció por complicaciones derivadas del sobrepeso. "Yo tenía un piso en Nueva York, donde estaba hospitalizado y hablamos de la posibilidad de organizar la vida juntos, pero a los dos días se murió". La novela sirve entonces como exploración de lo que habría ocurrido si hubiese podido ayudarlo. De ahí que esté narrada por Pandora, la hermana, una especie de alter-ego de Shriver. Trabajado, eso sí, con la sutileza necesaria pues básicamente se trata de un personaje que suple sus limitaciones artísticas e intelectuales con una gran sensibilidad y capacidad de observación. Por eso no desentona que en una sola idea suya se unan las frases más trilladas ("el silencio fue tan denso que se hubiera podido cortar con un cuchillo", "el que no se siente seguro de su autoridad, no la tiene") con análisis poco comunes acerca de la ingesta de comida, la imagen personal, las relaciones de pareja y el amor fraternal.

Pero esta no es una novela trufada de ideas sin respiro. Aquí los personajes se describen a sí mismos a través de sus acciones y especialmente conversando. Cada uno de ellos cuenta con sus propias jergas, modismos y maneras de pensar. La cena en la que Pandora invita a un amigo del trabajo, por ejemplo, muestra de manera brillante que los diálogos son uno de los puntos fuertes del texto. Tanto así que a veces sientes que algo se pierde en la traducción. Sobre todo cuando se trata de Edison, el más carismático del conjunto con su jive talkin' propio del mundillo del jazz, sus groserías y sentido del humor, y sus peroratas y refunfuños a géneros musicales, escenarios y artistas en general ("la mayor parte del mercado es para Norah Jones").

Baby Monótono, la empresa de muñecos parlantes para adultos de Pandora, es otra idea sugestiva que la autora parece usar para sí misma dentro de su propia novela. Este negocio consiste en la fabricación de muñecos a semejanza de personas reales, con una lista de frases predeterminadas elegidas por el cliente. De esta manera, el destinatario del obsequio ve reflejado en el muñeco no solo su aspecto físico sino también sus conductas cansinas o cargantes. La empresa es un éxito que da gran estabilidad económica a la familia de Pandora. No es descabellado pensar que Shriver haya usado entonces el personaje de Edison como su propio Baby Monótono en relación a su esposo Jeff Williams, profesor y compositor musical además de baterista de jazz, cuyas opiniones escuchadas una y otra vez en el ámbito conyugal habrían inspirado las frases más recurrentes de Edison: "Stan Getz me contrató por tres años", "el problema con Wynton Marsalis es que alimenta tanta nostalgia", "personalmente hecho la culpa a las escuelas de jazz", "debí tocar con Miles". No es difícil imaginar los buenos ratos y las risas que se habrán echado la pareja mientras ella escribía el libro. En lo personal, además, estoy de acuerdo con algunas de las otras opiniones que Edison suelta durante toda la novela acerca del jazz, las escuelas de música, la tradición y el elitismo (aunque me contradiga, creo, el hecho de haber escuchado una y otra vez el Cookin' y Relaxin' de Davies mientras avanzaba la lectura).

Si algo malo ha de tener Big Brother es el gran número de párrafos donde oraciones parten otras que a su vez parten otra más, afectando la fluidez. No cae en el estilo Lillian Ross del New Yorker (que tan jocosamente detalló Tom Wolfe en "Perdido en la selva de los pronombres relativos") pues, antes que la acumulación de datos, lo de Shriver es funcional. Sin embargo, que a veces nos haga recordar el ensayo de Wolfe no es muy positivo para el balance de la obra.

Con todo, no dudaría en recomendarla. Es una pena que no haya logrado dar el salto al cine como sí lo hizo "Tenemos que hablar de Kevin", el primer gran éxito literario de Lionel Shriver. Y es una molestia saber, por palabras de la escritora de 57 años, que Big Brother ha sido rechazada entre las personas con sobrepeso por considerarla ajena a esos problemas, porque "solo los gordos pueden hablar con propiedad acerca de otros gordos". Ellos se lo pierden. La actualidad de sus temáticas, descritas con inteligencia y mucha sensibilidad, y sus episodios de humor y tragedia, hacen de esta novela una de las mejores del 2013 (2014 en su traducción al español). ¿Qué propone al final? Pues un gran signo de interrogación. Un "qué habría pasado si" con el que todos, en algún momento, tenemos que cargar hasta el último de nuestros días.

Big Brother
Lionel Shriver, 2013
Anagrama, 2014
traducción de Daniel Najmías
400 páginas, rústica